En La división social del trabajo, explicamos cómo éste sistema de cooperación hace posible el acceso mucho más eficiente y económico a todo tipo de bienes y servicios:
«La división social del trabajo es un ingenio del hombre con el propósito de mejorar sus condiciones de vida. En algún momento, algunos vieron que intercambiando el excedente de su producción con quienes a su vez tienen su propio excedente en otra clase de producción, no era necesario que cada individuo aprendiera a producir todo lo que necesita para vivir (en su sentido más amplio). No era necesario invertir tiempo en ese aprendizaje, y por lo tanto, dejar de producir lo que necesita con mayor urgencia para aprender a producir todo lo demás. No era necesario invertir su tiempo en fabricar bienes de producción para poder producir todo aquello para lo cual no dispone de los medios para producirlo. La experiencia que tenía un individuo en cazar y en fabricar los mejores medios para la caza la podía aprovechar al máximo. Sólo bastaba cazar no sólo para sí mismos, sino para los demás, obteniendo a cambio lo que otros producían con mejor capacidad técnica y mejores medios. Lo mismo con aquellos individuos que lo que mejor sabían hacer era cosechar, o forjar metales, o producir telas, o hacer muebles de madera, o dedicarse a la alfarería, etc.»
En este artículo iremos más lejos. Analizaremos la función que cumplen determinadas actividades económicas que son condenadas como inmorales, e incluso innecesarias, desde las posturas ideológicas románticas de tradición socialista. Y veremos que con ellas sucede exactamente lo mismo que con cualquier otra función en la división social del trabajo.
Intermediarios
En su forma más sencilla, podemos decir que los intermediarios son aquellos que compran para vender a un mayor precio. Su ganancia proviene de esta diferencia de precios entre el producto comprado y el producto vendido. Esto es condenado desde las posturas ideológicas mencionadas porque según ellos, el intermediario no produce nada y gana dinero sin hacer nada, sin trabajar. El productor podría ganar más, y el consumidor podría comprar más barato, si no existiera el intermediario. El intermediario sólo engaña a ambos, y lucra con ese engaño.
Sin embargo, si intentamos no caer en explicaciones superficiales, veremos qué hay detrás de todo esto. En primer lugar surge la siguiente pregunta: si es tan tramposa la acción de los intermediarios, ¿por qué se recurre tanto a ellos? Es más ¿por qué incluso aquellos que afirman la existencia de ese engaño, recurren a ellos? (almacenes, supermercados, comercios de toda clase).
El intermediario acerca los productos a los consumidores. Sin ese acercamiento, el productor vendería menos o no vendería nada. Y el consumidor consumiría menos o no consumiría. Imaginar qué pasaría sin la función del intermediario: el consumidor tendría que recorrer enormes distancias para adquirir los productos que necesita directamente de los productores, o los productores tendrían que recorrer grandes distancias para acercar sus productos a posibles consumidores. Ambas cosas son en principio viables. Es más, lo típico en mercados sencillos es la existencia de ferias periódicas de productores. Aún en el día de hoy siguen existiendo las ferias.
Pero nada de esto niega que si el productor vende a supermercados y almacenes, sus ventas se incrementan sustancialmente en comparación con disponer de un puesto en una feria. No sólo es un beneficio para el productor. También es un beneficio para el consumidor, que puede acceder a mucha más variedad de productos a precios más convenientes.
Se podría argumentar entonces que los productores podrían establecer sus propios almacenes, supermercados y sistemas de transporte cooperativos, y así evitar darle ganancias a los intermediarios. O que los consumidores podrían crear sus propias cooperativas de consumo, y establecer su propia infraestructura de transporte y almacenes.
Este argumento es irrelevante, y puramente romántico. Primero, que aún así, la función del intermediario sigue existiendo. Sólo que los propios productores, o los consumidores, lo asumen, dependiendo del caso. Pero fundamentalmente, el hecho de que existan intermediarios separados de los productores o consumidores, es exactamente la misma razón por la que existe la división social del trabajo: la especialización y los costos. Es mucho más económico pagarle a otro que desarrollar uno mismo las capacidades, organización, e infraestructura para producir todo lo que uno necesita, o proveerse de todos los servicios que uno necesita. Y si un productor invierte dinero, capital y recursos técnicos, si es que dispone de ellos, en infraestructura de este tipo, lo debe hacer al costo de renunciar a invertir todo eso en mejorar y expandir su producción. Al mismo tiempo, si una cooperativa de consumidores invierte sus recursos, si es que los tiene, en toda la infraestructura para establecer una cooperativa de consumo, los socios deben renunciar a invertir sus recursos en otra cosa, o a consumirlos. Toda inversión puede traer beneficios, pero también implica costos. La decisión depende de la valoración relativa entre los costos y los beneficios.
¿Que los intermediarios se llevan una parte de las ganancias? Cierto, pero nadie está obligado a recurrir a ellos. Si obtienen ganancias, es porque ofrecen un servicio por el cual son pagados, y sin el cual quienes lo pagan tendrían que desarrollar los medios por sí mismos, y renunciar a consumir o dirigir sus recursos en otra actividad.
Por eso cuando decimos "más económico", no hablamos sólamente de costos en términos monetarios. Aunque generalmente es así de todos modos. Para un productor puede ser, y de hecho lo es, mucho más rentable, recurrir a un intermediario, que desarrollar los medios por sí mismo. Los costos de esta última elección implican largos tiempos de desarrollo de infraestructura en almacenes y transporte, un capital acumulado para sostener ese tiempo de desarrollo, costos en preparación técnica, en mano de obra, en obtención de recursos, en determinar los mejores lugares para vender, etc. La función de los intermediarios es esa. Obtienen una ganancia a cambio de todo eso. Y como resultado, los productores venden más. No se tienen que preocupar por el desarrollo de los medios. Y los consumidores tienen más acceso a los productos y consumen más. Con el incremento de la rentabilidad y del acceso a los consumidores se potencia la competencia, los precios bajan, los productos son cada vez de mayor calidad, etc.
Se podrá insistir una y otra vez que todo eso se puede lograr con cooperativas de productores o consumidores. Bien, nadie está obligado a recurrir a los intermediarios. El que insista en que es mejor no recurrir a ellos, que busque crear cooperativas. Nadie se lo prohibe. Se va a enfrentar a las mismas dificultades que desembocan en la división social del trabajo: que es mucho más fácil y económico pagarle a otros que hacerlo uno mismo. Tal vez lo logre. Por qué no. Pero no existe ningún "sistema" económico que obligue a nadie a recurrir a los intermediarios, de la misma manera que no existe ningún orden económico que obligue a nadie a comprarle un televisor a otro en lugar de fabricarlo uno mismo.
No son por lo tanto estos argumentos, una forma de justificar el "orden económico dominante", sea lo que sea que esto signifique en el imaginario de los que rechazan la existencia de los intermediarios. No estoy justificando la existencia de los intermediarios. Estoy explicando por qué existen. No es necesario justificar nada.
Alquiladores
Otra actividad condenada por las tradiciones socialistas es la que practican los que ofrecen alquilar un bien. Nuevamente, nos enfrentamos exactamente al mismo problema. Nadie obliga a nadie a alquilar un bien. Debemos ver por qué entonces lo hace, y en el caso de los alquileres, la solución es tan sencilla como el caso de los intermediarios. Quienes alquilan simplemente lo hacen porque comprar un bien equivalente les cuesta mucho más tiempo, y la solución se necesita en el corto plazo, y no en el largo plazo. Es posible que a la larga terminen pagando más, aunque eso depende del caso particular. Pero aún así, los costos involucrados cuando uno toma la decisión de alquilar algo no es sólamente el dinero que paga en total. También está el costo en tiempo, lo cual es determinante. Si yo necesito un lugar para vivir, y no tengo recursos para comprar una casa, el alquilar es una solución, no una imposición o un engaño del alquilador. Si yo alquilo, es porque me sirve alquilar. El alquilador me está proveyendo la posibilidad de acceder a una casa o apartamento. No tengo la obligación de aceptar esa oferta. Si pienso que quien alquila me está estafando porque gana algo sin hacer nada, puedo buscar hacer mi propia casa. Y si no tengo los medios para hacerla, no es una situación que el alquilador me haya impuesto. Es más, si no existiera alquilador alguno, no tendría otra opción que vivir en la calle. Mi situación no se solucionaría mágicamente con la inexistencia del alquilador.
Por supuesto, podría argumentarse que sin el alquilador, yo podría hacer usufructuo de la casa sin tener que pagarle a nadie. Totalmente falaz, porque jamás se analiza cómo llegó a ofrecerse esa casa en alquiler, en primer lugar. Si suponemos que existen leyes (o una moral) que prohiban la existencia de los alquileres, entonces ¿por qué los propietarios de esa casa ofrecerían usufructuo gratis de esa casa y se irían a otra? Sería mucho más económico para ellos directamente quedarse y ocuparla. O ponerla a la venta, con lo cual la situación de los que no pueden comprarla no puede solucionarse.
Si a continuación se nos dice que hay que obligar a quienes tengan más de una propiedad inmobiliaria, a que permitan su usufructuo gratis, no resolvemos nada. ¿Con qué propósito alguien entonces va a querer adquirir siquiera una segunda propiedad? ¿para que le quiten el usufructuo de la primera?
Acá empieza a verse el hilo de otro problema económico que mencionamos en el anterior artículo Propiedad privada, Propiedad Común y Anarquismo, y sobre el cual prometimos analizar en un siguiente artículo: el problema de la propiedad común. Empiezo aquí entonces a cumplir parte de esa promesa. Observar que si la ley establece la obligación de dar en usufructuo a otros la propiedad que no está en uso, entonces, por definición dicha propiedad deja de ser privada y es común, ya que quien dispone de esa propiedad deja de ser el propietario original, y pasa a ser el estado (independientemente de que se le denomine eufemísticamente "asamblea popular")
Nuevamente, acá no se está justificando la existencia de los alquiladores. Sólo se está explicando por qué existen: porque existe demanda de ellos. Nada más y nada menos. Y el que no quiera recurrir a un alquiler, no está obligado a hacerlo.
Usureros y prestamistas
Este caso es básicamente el mismo que el caso del alquilador. Quien recurre a un préstamo a cambio de intereses, es porque no tiene los recursos para adquirir el dinero que necesita en el tiempo que lo necesita. Quien no quiera recurrir a un préstamo porque está en contra del cobro de intereses, que no lo haga.
Si prestar dinero a cambio de un interés estuviera prohibido, entonces ¿qué interés tendría alguien en prestarlo? Y si es obligatorio prestar los ahorros propios a interés cero, entonces ¿qué interés tendría alguien en ahorrar, si cuando quiere disponer de esos ahorros no puede hacerlo porque alguien más está haciendo usufructuo de ellos? Como de todas forma el ahorro es absolutamente necesario en la vida económica de las personas, aunque sea para enfrentar imprevistos, se recurriría a esconder los ahorros y alejarlos de la vista del Estado. Es más, los mismos burócratas del estado que promulgaron la ley, lo harían.
Nuevamente, la prohibición de la usura y de los intereses no soluciona nada. Al contrario, reduce prácticamente a cero el capital disponible para prestar, con lo cual quienes necesitan capital para desarrollar sus actividades, no lo tendrían disponibles. Estarían obligados a hacer todo por sí mismos, con los costos implicados en tiempo y esfuerzo. Ni que decir el efecto que tendría sobre la capacidad tecnológica del ser humano, que necesita de una gran acumulación de capital para poder desarrollarse.
Por otro lado, la existencia de las tasas de interés es precisamente lo que incentiva la actividad del prestamista, y por lo tanto la disponibilidad de capital para quienes no disponen de él. Es exactamente lo mismo que la venta de cualquier producto en el mercado. La razón por la cual, para repetir el mismo ejemplo, yo pago para disponer de capital en lugar de intentar acumularlo yo mismo, es la misma razón por la cual yo pago por un aparato de televisión en lugar de intentar fabricarlo por mi mismo. La misma razón por la cual hay televisores en el mercado (que hay demanda de ellos) es la misma razón por la cual hay prestamistas (hay demanda de ellos). Si se promulgara una ley que obligara a los fabricantes de televisiones a darlos gratis, no habría ningún fabricante de televisión interesado, y por lo tanto, no habrían televisores disponibles en el mercado. Exactamente lo mismo ocurre con los prestamistas.
El empresario capitalista
Para terminar, llegamos finalmente al caso del capitalista empresario, es decir, aquel que dispone de bienes de producción y contrata mano de obra asalariada. El némesis de las doctrinas socialistas. El explotador por excelencia. Sin embargo, todo lo anterior es igualmente válido también para este caso. El trabajador que busca trabajo en una empresa, lo hace por la necesidad que le impone sus circunstancias, porque es mucho más costoso para él desarrollar o adquirir los medios para trabajar de forma independiente, o porque gana más trabajando para una empresa que de manera independiente, y no porque el empresario lo obligue.
Si estuviera prohibida la actividad del capitalista, lo único que se logra es que los trabajadores estarían obligados a subsistir con sus propios medios de producción, si es que los tiene. Y si no los tiene, tendrá que desarrollarlos por sus propios medios. Y si no puede, sufrirá las consecuencias de no poder recurrir a un trabajo asalariado, que no es otra cosa que una opción más, y no algo impuesto por nadie.
Y si se argumenta que sin capitalistas todo el mundo podría acceder a los medios de producción de forma libre, sin tener que trabajar para nadie, no hace más que repetir el argumento falaz que vimos en los casos anteriores. Pues es gracias a la acción del capitalista que existen esos medios de producción, en primer lugar. Si estuviera prohibida la acción del capitalista ¿qué interés tendría alguien de acumular medios de producción? ¿sólo para usufructuo de otros? Sería mucho más económico para sí esforzarse menos y acumular menos. Tan sólo lo necesario para usufructuo propio. Y así los que no tienen los medios para hacer esto, tienen menos opciones de subsistencia. No pueden acceder al capital acumulado por otros.
Quien argumente que no es necesaria la existencia de los capitalistas, y que los trabajadores pueden hacer todo por sí mismos, lo único que hace es repetir el mismo argumento erróneo que intenta rebatir la necesidad de la división social del trabajo.
Y quien argumente que es gracias al trabajador que el capitalista acumula capital, no gana nada. Porque por un lado, con este argumento no puede negarse que la acción del capitalista es factor necesario para la creación de dicho capital. Y por el otro, el trabajador recibe un salario por su trabajo, de la misma forma que un productor recibe un monto de dinero por lo que produce y logra vender. Si vamos a decir que al trabajador le corresponde parte de la propiedad de los medios de producción del capitalista porque sin su acción, ese capital no sería posible, entonces tenemos que decir que todo aquel que compra un producto, debe aún así reconocer la propiedad de ese producto al productor, porque fue el productor quien lo fabricó. Sin embargo, el productor, al vender su producto, está voluntariamente pasando la propiedad de él al comprador. Y el comprador difícilmente pagaría por un producto del cual sólo podría disponer bajo la decisión de otro. De la misma manera, si un trabajador vende su capacidad laboral, está voluntariamente aceptando la propiedad del producto de su trabajo al capitalista. El trabajador sabe de antemano que va a suceder así, y no tiene ninguna obligación de aceptar.
Y si un trabajador no está de acuerdo con lo que le pagan, nadie le obliga a que trabaje para ese empresario. Si a pesar de eso el trabajador no tiene más remedio que aceptar el trabajo, no es debido a que el empresario le obligue a hacerlo. Son sus circunstancias las que lo llevan a eso. Si el empresario no estuviera ahí para ofrecerle trabajo, la situación del trabajador no mejoraría. Al contrario, conservaría la situación precaria previa al establecimiento del contrato de trabajo.
Al igual que los restantes casos, no se está justificando la existencia de los empresarios capitalistas. Se está explicando por qué existen: porque existe demanda de ellos por parte de quienes no tienen los recursos (materiales o de conocimiento técnico) para desarrollar o adquirir sus propios medios de producción.
«La división social del trabajo es un ingenio del hombre con el propósito de mejorar sus condiciones de vida. En algún momento, algunos vieron que intercambiando el excedente de su producción con quienes a su vez tienen su propio excedente en otra clase de producción, no era necesario que cada individuo aprendiera a producir todo lo que necesita para vivir (en su sentido más amplio). No era necesario invertir tiempo en ese aprendizaje, y por lo tanto, dejar de producir lo que necesita con mayor urgencia para aprender a producir todo lo demás. No era necesario invertir su tiempo en fabricar bienes de producción para poder producir todo aquello para lo cual no dispone de los medios para producirlo. La experiencia que tenía un individuo en cazar y en fabricar los mejores medios para la caza la podía aprovechar al máximo. Sólo bastaba cazar no sólo para sí mismos, sino para los demás, obteniendo a cambio lo que otros producían con mejor capacidad técnica y mejores medios. Lo mismo con aquellos individuos que lo que mejor sabían hacer era cosechar, o forjar metales, o producir telas, o hacer muebles de madera, o dedicarse a la alfarería, etc.»
En este artículo iremos más lejos. Analizaremos la función que cumplen determinadas actividades económicas que son condenadas como inmorales, e incluso innecesarias, desde las posturas ideológicas románticas de tradición socialista. Y veremos que con ellas sucede exactamente lo mismo que con cualquier otra función en la división social del trabajo.
Intermediarios
En su forma más sencilla, podemos decir que los intermediarios son aquellos que compran para vender a un mayor precio. Su ganancia proviene de esta diferencia de precios entre el producto comprado y el producto vendido. Esto es condenado desde las posturas ideológicas mencionadas porque según ellos, el intermediario no produce nada y gana dinero sin hacer nada, sin trabajar. El productor podría ganar más, y el consumidor podría comprar más barato, si no existiera el intermediario. El intermediario sólo engaña a ambos, y lucra con ese engaño.
Sin embargo, si intentamos no caer en explicaciones superficiales, veremos qué hay detrás de todo esto. En primer lugar surge la siguiente pregunta: si es tan tramposa la acción de los intermediarios, ¿por qué se recurre tanto a ellos? Es más ¿por qué incluso aquellos que afirman la existencia de ese engaño, recurren a ellos? (almacenes, supermercados, comercios de toda clase).
El intermediario acerca los productos a los consumidores. Sin ese acercamiento, el productor vendería menos o no vendería nada. Y el consumidor consumiría menos o no consumiría. Imaginar qué pasaría sin la función del intermediario: el consumidor tendría que recorrer enormes distancias para adquirir los productos que necesita directamente de los productores, o los productores tendrían que recorrer grandes distancias para acercar sus productos a posibles consumidores. Ambas cosas son en principio viables. Es más, lo típico en mercados sencillos es la existencia de ferias periódicas de productores. Aún en el día de hoy siguen existiendo las ferias.
Pero nada de esto niega que si el productor vende a supermercados y almacenes, sus ventas se incrementan sustancialmente en comparación con disponer de un puesto en una feria. No sólo es un beneficio para el productor. También es un beneficio para el consumidor, que puede acceder a mucha más variedad de productos a precios más convenientes.
Se podría argumentar entonces que los productores podrían establecer sus propios almacenes, supermercados y sistemas de transporte cooperativos, y así evitar darle ganancias a los intermediarios. O que los consumidores podrían crear sus propias cooperativas de consumo, y establecer su propia infraestructura de transporte y almacenes.
Este argumento es irrelevante, y puramente romántico. Primero, que aún así, la función del intermediario sigue existiendo. Sólo que los propios productores, o los consumidores, lo asumen, dependiendo del caso. Pero fundamentalmente, el hecho de que existan intermediarios separados de los productores o consumidores, es exactamente la misma razón por la que existe la división social del trabajo: la especialización y los costos. Es mucho más económico pagarle a otro que desarrollar uno mismo las capacidades, organización, e infraestructura para producir todo lo que uno necesita, o proveerse de todos los servicios que uno necesita. Y si un productor invierte dinero, capital y recursos técnicos, si es que dispone de ellos, en infraestructura de este tipo, lo debe hacer al costo de renunciar a invertir todo eso en mejorar y expandir su producción. Al mismo tiempo, si una cooperativa de consumidores invierte sus recursos, si es que los tiene, en toda la infraestructura para establecer una cooperativa de consumo, los socios deben renunciar a invertir sus recursos en otra cosa, o a consumirlos. Toda inversión puede traer beneficios, pero también implica costos. La decisión depende de la valoración relativa entre los costos y los beneficios.
¿Que los intermediarios se llevan una parte de las ganancias? Cierto, pero nadie está obligado a recurrir a ellos. Si obtienen ganancias, es porque ofrecen un servicio por el cual son pagados, y sin el cual quienes lo pagan tendrían que desarrollar los medios por sí mismos, y renunciar a consumir o dirigir sus recursos en otra actividad.
Por eso cuando decimos "más económico", no hablamos sólamente de costos en términos monetarios. Aunque generalmente es así de todos modos. Para un productor puede ser, y de hecho lo es, mucho más rentable, recurrir a un intermediario, que desarrollar los medios por sí mismo. Los costos de esta última elección implican largos tiempos de desarrollo de infraestructura en almacenes y transporte, un capital acumulado para sostener ese tiempo de desarrollo, costos en preparación técnica, en mano de obra, en obtención de recursos, en determinar los mejores lugares para vender, etc. La función de los intermediarios es esa. Obtienen una ganancia a cambio de todo eso. Y como resultado, los productores venden más. No se tienen que preocupar por el desarrollo de los medios. Y los consumidores tienen más acceso a los productos y consumen más. Con el incremento de la rentabilidad y del acceso a los consumidores se potencia la competencia, los precios bajan, los productos son cada vez de mayor calidad, etc.
Se podrá insistir una y otra vez que todo eso se puede lograr con cooperativas de productores o consumidores. Bien, nadie está obligado a recurrir a los intermediarios. El que insista en que es mejor no recurrir a ellos, que busque crear cooperativas. Nadie se lo prohibe. Se va a enfrentar a las mismas dificultades que desembocan en la división social del trabajo: que es mucho más fácil y económico pagarle a otros que hacerlo uno mismo. Tal vez lo logre. Por qué no. Pero no existe ningún "sistema" económico que obligue a nadie a recurrir a los intermediarios, de la misma manera que no existe ningún orden económico que obligue a nadie a comprarle un televisor a otro en lugar de fabricarlo uno mismo.
No son por lo tanto estos argumentos, una forma de justificar el "orden económico dominante", sea lo que sea que esto signifique en el imaginario de los que rechazan la existencia de los intermediarios. No estoy justificando la existencia de los intermediarios. Estoy explicando por qué existen. No es necesario justificar nada.
Alquiladores
Otra actividad condenada por las tradiciones socialistas es la que practican los que ofrecen alquilar un bien. Nuevamente, nos enfrentamos exactamente al mismo problema. Nadie obliga a nadie a alquilar un bien. Debemos ver por qué entonces lo hace, y en el caso de los alquileres, la solución es tan sencilla como el caso de los intermediarios. Quienes alquilan simplemente lo hacen porque comprar un bien equivalente les cuesta mucho más tiempo, y la solución se necesita en el corto plazo, y no en el largo plazo. Es posible que a la larga terminen pagando más, aunque eso depende del caso particular. Pero aún así, los costos involucrados cuando uno toma la decisión de alquilar algo no es sólamente el dinero que paga en total. También está el costo en tiempo, lo cual es determinante. Si yo necesito un lugar para vivir, y no tengo recursos para comprar una casa, el alquilar es una solución, no una imposición o un engaño del alquilador. Si yo alquilo, es porque me sirve alquilar. El alquilador me está proveyendo la posibilidad de acceder a una casa o apartamento. No tengo la obligación de aceptar esa oferta. Si pienso que quien alquila me está estafando porque gana algo sin hacer nada, puedo buscar hacer mi propia casa. Y si no tengo los medios para hacerla, no es una situación que el alquilador me haya impuesto. Es más, si no existiera alquilador alguno, no tendría otra opción que vivir en la calle. Mi situación no se solucionaría mágicamente con la inexistencia del alquilador.
Por supuesto, podría argumentarse que sin el alquilador, yo podría hacer usufructuo de la casa sin tener que pagarle a nadie. Totalmente falaz, porque jamás se analiza cómo llegó a ofrecerse esa casa en alquiler, en primer lugar. Si suponemos que existen leyes (o una moral) que prohiban la existencia de los alquileres, entonces ¿por qué los propietarios de esa casa ofrecerían usufructuo gratis de esa casa y se irían a otra? Sería mucho más económico para ellos directamente quedarse y ocuparla. O ponerla a la venta, con lo cual la situación de los que no pueden comprarla no puede solucionarse.
Si a continuación se nos dice que hay que obligar a quienes tengan más de una propiedad inmobiliaria, a que permitan su usufructuo gratis, no resolvemos nada. ¿Con qué propósito alguien entonces va a querer adquirir siquiera una segunda propiedad? ¿para que le quiten el usufructuo de la primera?
Acá empieza a verse el hilo de otro problema económico que mencionamos en el anterior artículo Propiedad privada, Propiedad Común y Anarquismo, y sobre el cual prometimos analizar en un siguiente artículo: el problema de la propiedad común. Empiezo aquí entonces a cumplir parte de esa promesa. Observar que si la ley establece la obligación de dar en usufructuo a otros la propiedad que no está en uso, entonces, por definición dicha propiedad deja de ser privada y es común, ya que quien dispone de esa propiedad deja de ser el propietario original, y pasa a ser el estado (independientemente de que se le denomine eufemísticamente "asamblea popular")
Nuevamente, acá no se está justificando la existencia de los alquiladores. Sólo se está explicando por qué existen: porque existe demanda de ellos. Nada más y nada menos. Y el que no quiera recurrir a un alquiler, no está obligado a hacerlo.
Usureros y prestamistas
Este caso es básicamente el mismo que el caso del alquilador. Quien recurre a un préstamo a cambio de intereses, es porque no tiene los recursos para adquirir el dinero que necesita en el tiempo que lo necesita. Quien no quiera recurrir a un préstamo porque está en contra del cobro de intereses, que no lo haga.
Si prestar dinero a cambio de un interés estuviera prohibido, entonces ¿qué interés tendría alguien en prestarlo? Y si es obligatorio prestar los ahorros propios a interés cero, entonces ¿qué interés tendría alguien en ahorrar, si cuando quiere disponer de esos ahorros no puede hacerlo porque alguien más está haciendo usufructuo de ellos? Como de todas forma el ahorro es absolutamente necesario en la vida económica de las personas, aunque sea para enfrentar imprevistos, se recurriría a esconder los ahorros y alejarlos de la vista del Estado. Es más, los mismos burócratas del estado que promulgaron la ley, lo harían.
Nuevamente, la prohibición de la usura y de los intereses no soluciona nada. Al contrario, reduce prácticamente a cero el capital disponible para prestar, con lo cual quienes necesitan capital para desarrollar sus actividades, no lo tendrían disponibles. Estarían obligados a hacer todo por sí mismos, con los costos implicados en tiempo y esfuerzo. Ni que decir el efecto que tendría sobre la capacidad tecnológica del ser humano, que necesita de una gran acumulación de capital para poder desarrollarse.
Por otro lado, la existencia de las tasas de interés es precisamente lo que incentiva la actividad del prestamista, y por lo tanto la disponibilidad de capital para quienes no disponen de él. Es exactamente lo mismo que la venta de cualquier producto en el mercado. La razón por la cual, para repetir el mismo ejemplo, yo pago para disponer de capital en lugar de intentar acumularlo yo mismo, es la misma razón por la cual yo pago por un aparato de televisión en lugar de intentar fabricarlo por mi mismo. La misma razón por la cual hay televisores en el mercado (que hay demanda de ellos) es la misma razón por la cual hay prestamistas (hay demanda de ellos). Si se promulgara una ley que obligara a los fabricantes de televisiones a darlos gratis, no habría ningún fabricante de televisión interesado, y por lo tanto, no habrían televisores disponibles en el mercado. Exactamente lo mismo ocurre con los prestamistas.
El empresario capitalista
Para terminar, llegamos finalmente al caso del capitalista empresario, es decir, aquel que dispone de bienes de producción y contrata mano de obra asalariada. El némesis de las doctrinas socialistas. El explotador por excelencia. Sin embargo, todo lo anterior es igualmente válido también para este caso. El trabajador que busca trabajo en una empresa, lo hace por la necesidad que le impone sus circunstancias, porque es mucho más costoso para él desarrollar o adquirir los medios para trabajar de forma independiente, o porque gana más trabajando para una empresa que de manera independiente, y no porque el empresario lo obligue.
Si estuviera prohibida la actividad del capitalista, lo único que se logra es que los trabajadores estarían obligados a subsistir con sus propios medios de producción, si es que los tiene. Y si no los tiene, tendrá que desarrollarlos por sus propios medios. Y si no puede, sufrirá las consecuencias de no poder recurrir a un trabajo asalariado, que no es otra cosa que una opción más, y no algo impuesto por nadie.
Y si se argumenta que sin capitalistas todo el mundo podría acceder a los medios de producción de forma libre, sin tener que trabajar para nadie, no hace más que repetir el argumento falaz que vimos en los casos anteriores. Pues es gracias a la acción del capitalista que existen esos medios de producción, en primer lugar. Si estuviera prohibida la acción del capitalista ¿qué interés tendría alguien de acumular medios de producción? ¿sólo para usufructuo de otros? Sería mucho más económico para sí esforzarse menos y acumular menos. Tan sólo lo necesario para usufructuo propio. Y así los que no tienen los medios para hacer esto, tienen menos opciones de subsistencia. No pueden acceder al capital acumulado por otros.
Quien argumente que no es necesaria la existencia de los capitalistas, y que los trabajadores pueden hacer todo por sí mismos, lo único que hace es repetir el mismo argumento erróneo que intenta rebatir la necesidad de la división social del trabajo.
Y quien argumente que es gracias al trabajador que el capitalista acumula capital, no gana nada. Porque por un lado, con este argumento no puede negarse que la acción del capitalista es factor necesario para la creación de dicho capital. Y por el otro, el trabajador recibe un salario por su trabajo, de la misma forma que un productor recibe un monto de dinero por lo que produce y logra vender. Si vamos a decir que al trabajador le corresponde parte de la propiedad de los medios de producción del capitalista porque sin su acción, ese capital no sería posible, entonces tenemos que decir que todo aquel que compra un producto, debe aún así reconocer la propiedad de ese producto al productor, porque fue el productor quien lo fabricó. Sin embargo, el productor, al vender su producto, está voluntariamente pasando la propiedad de él al comprador. Y el comprador difícilmente pagaría por un producto del cual sólo podría disponer bajo la decisión de otro. De la misma manera, si un trabajador vende su capacidad laboral, está voluntariamente aceptando la propiedad del producto de su trabajo al capitalista. El trabajador sabe de antemano que va a suceder así, y no tiene ninguna obligación de aceptar.
Y si un trabajador no está de acuerdo con lo que le pagan, nadie le obliga a que trabaje para ese empresario. Si a pesar de eso el trabajador no tiene más remedio que aceptar el trabajo, no es debido a que el empresario le obligue a hacerlo. Son sus circunstancias las que lo llevan a eso. Si el empresario no estuviera ahí para ofrecerle trabajo, la situación del trabajador no mejoraría. Al contrario, conservaría la situación precaria previa al establecimiento del contrato de trabajo.
Al igual que los restantes casos, no se está justificando la existencia de los empresarios capitalistas. Se está explicando por qué existen: porque existe demanda de ellos por parte de quienes no tienen los recursos (materiales o de conocimiento técnico) para desarrollar o adquirir sus propios medios de producción.


3 comments:
en qué Banco trabajás?
En ninguno, por?
Muy interesante el artículo y el blog en general. Para ser un blog independiente sin fines de lucro esta muy bien elaborado.
Creo que este blog va a mi lista de favoritos, no se demasiado sobre economía así que me interesaría leer más.
Saludos
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