Imaginemos un individuo que trabaja para sustentarse a sí mismo y su familia. No se necesita convencer a nadie de que este individuo gozará de mejor situación económica cuanto más se le pague por su trabajo, y por lo tanto, cuanto más pueda adquirir y/o ahorrar sin que por ello tenga que trabajar más tiempo, o sea, vender más. Es decir, tanto mejor cuanto menos necesite vender y cuanto más pueda comprar. Nadie vende por vender, sino como medio para luego comprar.
Pues bien, existe la creencia popular generalizada, alimentada por discursos de políticos y economistas, o bien ignorantes o bien cómplices de ciertos sectores productivos, que sostiene exactamente lo contrario: que cuanto más exportemos y menos importemos, mejor para la economía del país.
Mediante el discurso de que favoreciendo las exportaciones, de que vendiendo más, el país se desarrolla y se genera trabajo, se justifican y se legitiman frente a la opinión pública, las políticas de devaluación monetaria que en los hechos sólo favorece a los exportadores, históricamente asociados al poder político, sobre todo en los países latinoamericanos y en otras regiones subdesarrolladas.
¿Y qué significa devaluación de la moneda propia en relación a la divisa internacional, sino devaluación del propio trabajo? Cuanto más se devalúa la moneda local en relación a la divisa, los exportadores pueden bajar más sus precios frente al mercado internacional y posicionarse competitivamente. Pero esto significa incrementar el poder de compra del mercado extranjero en relación a nuestros productos, y al mismo tiempo reducir el poder de compra del mercado local frente a los productos importados. Si fuera cierto que el capitalismo (en este caso, el capitalismo internacional) fomentara naturalmente el flujo de riquezas desde los países más pobres hacia los países más ricos, entonces ¿cuál es la necesidad de devaluar para favorecer esta concentración? Y sin embargo, nuestros gobiernos, incluyendo algunos que se rodean de un discurso populista contra el capitalismo mundial, devalúan constantemente mediante el poder político que tienen sobre el monopolio de facto de la emisión de dinero: los bancos centrales, que en definitiva terminan siendo un instrumento de política corporativa.
Ningún individuo es capaz de ser autosuficiente y producir todo lo que necesita. Por eso es que participa de la división social del trabajo. Además nada tiene de malo que así sea. Y cualquiera con un mínimo de comprensión de este mecanismo social puede apreciar que si uno se esforzara por ser autosuficiente y producir todo lo que necesita, la calidad de vida no mejoraría sino muy al contrario se vería muy menoscabada. Entonces ¿por qué pensar que adquiriendo bienes de otro país en lugar de producirlo en el propio implica alguna especie de obstáculo al desarrollo? Importar es comprar fuera de fronteras. Pero las fronteras son artificiales. Económicamente da lo mismo que la producción provenga del extranjero o que provenga del mismo país en que uno vive. Importar es fundamental para el desarrollo porque permite adquirir bienes que no se producen en la economía nacional, o que se producirían a mayor costo en recursos, esfuerzos y con menor eficiencia. E importar es fundamental para el desarrollo de una enorme cantidad de sectores productivos, generando también puestos de trabajo y mayor calidad de vida. Además, a mayor volumen de importaciones, mayor demanda de divisa internacional que incrementa los beneficios del sector exportador. Es decir, las importaciones son un fuerte incentivo natural de las exportaciones, sin necesidad de devaluar el trabajo propio, que es en definitiva una de las causas de la concentracion de riqueza en los países más ricos.
El principal mecanismo de devaluación que aplican los bancos centrales es el retiro y retención de divisa del mercado local mediante la compra que sólo es posible con una emisión de dinero con ese fin. Esta retención tiene además el objetivo de incrementar las reservas del banco central y utilizar parte de ellas para el pago de la deuda externa. Es decir, aquí descubrimos otro fin detrás de la devaluación que no es otra cosa que el pago de esta deuda y sus intereses con el trabajo adicional de la sociedad como consecuencia de la devaluación. El mayor flujo de riquezas hacia afuera es entonces la forma que tenemos de pagar esa deuda. Contraida, por supuesto, por el excesivo gasto público del Estado, y no por elección de la sociedad. Pero quien carga con esa deuda es la sociedad. Lamentablemente parte de esa misma sociedad en muchas ocasiones, y por medio, nuevamente, del discurso político que la convence, es la que acepta y apoya ese excesivo gasto público, con la falsa idea de que a mayor gasto público más trabajo y desarrollo.
Al limitar de esta manera la oferta de divisa, la demanda insatisfecha incrementa los beneficios del sector exportador en el mercado local, es decir, expresado en moneda local. El exportador puede colocar sus productos a precios más competitivos en el mercado internacional. Este proceso tiende a restablecer una mayor oferta de divisa. Pero mientras ejerce esta tendencia, a igualdad de otras condiciones, el precio de la divisa es mayor que antes de la devaluación. De manera que los precios de los bienes importados también son mayores expresados en moneda nacional, con lo que las importaciones se ven desincentivadas en favor de mayor demanda de productos del mercado local. Adicionalmente, una mayor demanda extranjera y local de bienes producidos localmente, también generan una suba inicial de precios de la producción local.
Es posible que esto incentive el desarrollo de los sectores económicos exportadores, pero hay que tener en cuenta que los precios de los insumos importados aumentan, con lo que dicho desarrollo puede ser bastante relativo. En cambio, el resto de los sectores económicos se ven claramente perjudicados. En los hechos la devaluación tiene el efecto de que el mercado en el que se aplica, participa con desventajas en la división global del trabajo. Es decir, el resultado neto es que se reduce la capacidad de compra del mercado local sobre el mercado externo e interno, y al mismo tiempo se aumenta la capacidad de compra del mercado externo sobre el local. Todo lo contrario a defender los intereses de los consumidores locales.
Debemos entender que, para que la devaluación siga teniendo el efecto buscado por sus partidarios, debe ser sostenida indefinidamente por el banco emisor. A medida que ingresa divisa por medio de las exportaciones, el banco los debe ir retirando, manteniendo así un tipo de cambio favorable a las ventas al exterior. Porque el propio incremento en el ingreso de divisa extranjera provoca una devaluación de la divisa, es decir, una revaluación de la moneda local en relación a la divisa. Esto por un lado genera los trastornos asociados a toda expansión monetaria. Pero por otro genera una expansión artificial de la producción exportadora, que luego, al reflujo de la revaluación, y nueva pérdida de competitividad por sobreoferta exportadora, se percibe como atraso cambiario.
Incluso con récords de ventas los exportadores insisten en que “hay atraso cambiario”. En realidad, lo único que quieren es seguir beneficiándose más del intervencionismo estatal, expandir más sus ventas, a costa del resto de la sociedad.
Enlaces relacionados, a otros blogs:
¿Qué es lo más importante para un país, las importaciones o las exportaciones?
Pues bien, existe la creencia popular generalizada, alimentada por discursos de políticos y economistas, o bien ignorantes o bien cómplices de ciertos sectores productivos, que sostiene exactamente lo contrario: que cuanto más exportemos y menos importemos, mejor para la economía del país.
Mediante el discurso de que favoreciendo las exportaciones, de que vendiendo más, el país se desarrolla y se genera trabajo, se justifican y se legitiman frente a la opinión pública, las políticas de devaluación monetaria que en los hechos sólo favorece a los exportadores, históricamente asociados al poder político, sobre todo en los países latinoamericanos y en otras regiones subdesarrolladas.
¿Y qué significa devaluación de la moneda propia en relación a la divisa internacional, sino devaluación del propio trabajo? Cuanto más se devalúa la moneda local en relación a la divisa, los exportadores pueden bajar más sus precios frente al mercado internacional y posicionarse competitivamente. Pero esto significa incrementar el poder de compra del mercado extranjero en relación a nuestros productos, y al mismo tiempo reducir el poder de compra del mercado local frente a los productos importados. Si fuera cierto que el capitalismo (en este caso, el capitalismo internacional) fomentara naturalmente el flujo de riquezas desde los países más pobres hacia los países más ricos, entonces ¿cuál es la necesidad de devaluar para favorecer esta concentración? Y sin embargo, nuestros gobiernos, incluyendo algunos que se rodean de un discurso populista contra el capitalismo mundial, devalúan constantemente mediante el poder político que tienen sobre el monopolio de facto de la emisión de dinero: los bancos centrales, que en definitiva terminan siendo un instrumento de política corporativa.
Ningún individuo es capaz de ser autosuficiente y producir todo lo que necesita. Por eso es que participa de la división social del trabajo. Además nada tiene de malo que así sea. Y cualquiera con un mínimo de comprensión de este mecanismo social puede apreciar que si uno se esforzara por ser autosuficiente y producir todo lo que necesita, la calidad de vida no mejoraría sino muy al contrario se vería muy menoscabada. Entonces ¿por qué pensar que adquiriendo bienes de otro país en lugar de producirlo en el propio implica alguna especie de obstáculo al desarrollo? Importar es comprar fuera de fronteras. Pero las fronteras son artificiales. Económicamente da lo mismo que la producción provenga del extranjero o que provenga del mismo país en que uno vive. Importar es fundamental para el desarrollo porque permite adquirir bienes que no se producen en la economía nacional, o que se producirían a mayor costo en recursos, esfuerzos y con menor eficiencia. E importar es fundamental para el desarrollo de una enorme cantidad de sectores productivos, generando también puestos de trabajo y mayor calidad de vida. Además, a mayor volumen de importaciones, mayor demanda de divisa internacional que incrementa los beneficios del sector exportador. Es decir, las importaciones son un fuerte incentivo natural de las exportaciones, sin necesidad de devaluar el trabajo propio, que es en definitiva una de las causas de la concentracion de riqueza en los países más ricos.
El principal mecanismo de devaluación que aplican los bancos centrales es el retiro y retención de divisa del mercado local mediante la compra que sólo es posible con una emisión de dinero con ese fin. Esta retención tiene además el objetivo de incrementar las reservas del banco central y utilizar parte de ellas para el pago de la deuda externa. Es decir, aquí descubrimos otro fin detrás de la devaluación que no es otra cosa que el pago de esta deuda y sus intereses con el trabajo adicional de la sociedad como consecuencia de la devaluación. El mayor flujo de riquezas hacia afuera es entonces la forma que tenemos de pagar esa deuda. Contraida, por supuesto, por el excesivo gasto público del Estado, y no por elección de la sociedad. Pero quien carga con esa deuda es la sociedad. Lamentablemente parte de esa misma sociedad en muchas ocasiones, y por medio, nuevamente, del discurso político que la convence, es la que acepta y apoya ese excesivo gasto público, con la falsa idea de que a mayor gasto público más trabajo y desarrollo.
Al limitar de esta manera la oferta de divisa, la demanda insatisfecha incrementa los beneficios del sector exportador en el mercado local, es decir, expresado en moneda local. El exportador puede colocar sus productos a precios más competitivos en el mercado internacional. Este proceso tiende a restablecer una mayor oferta de divisa. Pero mientras ejerce esta tendencia, a igualdad de otras condiciones, el precio de la divisa es mayor que antes de la devaluación. De manera que los precios de los bienes importados también son mayores expresados en moneda nacional, con lo que las importaciones se ven desincentivadas en favor de mayor demanda de productos del mercado local. Adicionalmente, una mayor demanda extranjera y local de bienes producidos localmente, también generan una suba inicial de precios de la producción local.
Es posible que esto incentive el desarrollo de los sectores económicos exportadores, pero hay que tener en cuenta que los precios de los insumos importados aumentan, con lo que dicho desarrollo puede ser bastante relativo. En cambio, el resto de los sectores económicos se ven claramente perjudicados. En los hechos la devaluación tiene el efecto de que el mercado en el que se aplica, participa con desventajas en la división global del trabajo. Es decir, el resultado neto es que se reduce la capacidad de compra del mercado local sobre el mercado externo e interno, y al mismo tiempo se aumenta la capacidad de compra del mercado externo sobre el local. Todo lo contrario a defender los intereses de los consumidores locales.
Debemos entender que, para que la devaluación siga teniendo el efecto buscado por sus partidarios, debe ser sostenida indefinidamente por el banco emisor. A medida que ingresa divisa por medio de las exportaciones, el banco los debe ir retirando, manteniendo así un tipo de cambio favorable a las ventas al exterior. Porque el propio incremento en el ingreso de divisa extranjera provoca una devaluación de la divisa, es decir, una revaluación de la moneda local en relación a la divisa. Esto por un lado genera los trastornos asociados a toda expansión monetaria. Pero por otro genera una expansión artificial de la producción exportadora, que luego, al reflujo de la revaluación, y nueva pérdida de competitividad por sobreoferta exportadora, se percibe como atraso cambiario.
Incluso con récords de ventas los exportadores insisten en que “hay atraso cambiario”. En realidad, lo único que quieren es seguir beneficiándose más del intervencionismo estatal, expandir más sus ventas, a costa del resto de la sociedad.
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