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Friday, January 26, 2007

Los piquetes y el fallo de La Haya (2da parte)

En el post anterior di mi punto de vista particular sobre el fallo de La Haya en relación a los problemas argentinos. Pero omití dar una respuesta en relación a las preocupaciones de los uruguayos. El Analista, como buen uruguayo, me planteó esa preocupación, y le respondí de la siguiente manera, también desde un punto de vista muy diferente al que circula en la opinión general:



Concuerdo en que los cortes han afectado al turismo uruguayo y otros sectores. Pero eso no es justificativo suficiente para un fallo de la haya. Si de repente a los argentinos se les ocurriera que no tienen que consumir más productos uruguayos y lo pusieran en práctica, a nosotros también nos afectaría. Pero no por eso vamos a acudir a un juzgado internacional para obligarles a los argentinos a consumir nuestros productos. Como tampoco el almacenero de la esquina tiene derecho a enjuiciar a las personas que no quieren comprarle a él y en cambio le compran a otro.



Pero uruguay sigue adelante. Si tenemos déficit de argentinos en nuestra clientela, entonces serán otros los que tomen su lugar. Y eso es lo que está sucediendo. Si tenemos tal dependencia de los argentinos para nuestro bienestar, el problema es nuestro, no de los argentinos ni de la haya.



Y lo único que obstaculiza esa capacidad de resolver rápidamente el problema, es el estado. Los piquetes no son los únicos responsables de los efectos que nos causan. El mercado se adapta rápidamente, y tanto más rápidamente cuanto el estado menos se meta.



Si los cortes afectan a la economía uruguaya, entonces que el estado reduzca los impuestos, elimine los aranceles, y no meta palos en la rueda.



Echarle la culpa a los piqueteros de la debilidad de nuestra economía lo único que hace es quitarle el foco al verdadero responsable: el estado. Y ver el problema en términos de banderas nacionales oculta este hecho. El nacionalismo siempre ha sido funcional a los intereses del estado y de quienes detentar el poder.

Thursday, January 25, 2007

Los piquetes y el fallo de La Haya

Sé que ya se ha opinado mucho al respecto. Distintos bloggers de la línea liberal han dado su opinión, todos muy similares. Y en alguno de ellos he aportado mi punto de vista. Pero como mi opinión es un tanto diferente a la que he leido, es que escribo mi propio post al respecto. Aquí entonces reproduzco el comentario que escribi en el blog de marcosKtulu:



Yo creo que La Haya aplicó el mismo criterio para dar su veredicto en relación a los piquetes argentinos y en relación a las pasteras uruguayas: la soberanía.



Estoy de acuerdo con el tribunal de La Haya. No me parece bien que un tribunal internacional deba tener injerencia sobre lo que cada país hace dentro de su territorio, mientras no se violen los derechos de propiedad y la vida en el país vecino.



Igual me parece de lo más hipócrita la actitud de los piqueteros, quienes cuando la justicia falla en su contra, no vale. Pero si falla a su favor es un triunfo.



El problema de los piquetes es un problema argentino, no bilateral, y es mucho más preocupante lo que puede provocar en la sociedad argentina que lo que nos puede afectar a los uruguayos, que en realidad es poco y nada, dado que uruguayos y argentinos se las han arreglado para transitar de un lado a otro a pesar de los piquetes.



La imposición de la razón por medio de la violencia, y la idea de que la justicia debe ser respetada sólo cuando falla a nuestro favor, es un problema gravísimo que parece sintomático en la vecina orilla y que si no se controla va a seguir creciendo y terminar en algo peor.



Entonces, que el fallo de La Haya no les haga perder de vista a los argentinos dónde está el problema: el problema está en Argentina, y el problema lo tienen que empezar a resolver los argentinos. No esperen que un organismo internacional les resuelva el problema, porque no lo va a hacer.



La sociedad argentina tiene que madurar por sí misma, no a instancias de un paternalismo internacional.

Saturday, January 13, 2007

Sobre el subsidio al boleto urbano

Hace ya más de un mes que en Montevideo y otras zonas urbanas del país tenemos un boleto más barato para el transporte colectivo.

¿Cómo se financia? En lugar de bajar los impuestos al gasoil, muy al contrario, se sube los impuestos, creando un fideicomiso con el cual se subsidia a las compañías de transporte colectivo. Y se reglamenta el boleto a $15 pesos (estaba fijado en $17). Para los no uruguayos, sepan que el precio del boleto urbano está controlado por el estado. Aunque eso seguro no es curiosidad para ellos tampoco.

¿Cuáles son los argumentos que se manejan? que este subsidio favorece a la clase trabajadora, la que más utiliza el transporte colectivo. Y que se le agrega un muy pequeño porcentaje de impuestos al gasoil que no afecta a nadie.

Un primer problema que se presenta con este argumento es que la presión impositiva en uruguay ya es muy grande. En lugar de bajar los impuestos, los suben.

Esto demuestra la incapacidad del gobierno de reducir los impuestos. O la falta de voluntad de hacerlo, que se manifiesta también en la inútil reforma tributaria que empezará a correr a partir de junio del 2007. Por más gráficas que muestre el señor ministro de economía, lo cierto es que el nivel impositivo luego de la reforma, aún admitiendo una baja, queda por encima del que teníamos que soportar ya antes de la crisis.

Otro problema es la clásica moral izquierdista de quitarle a los que tienen más para darle a los que tienen menos. Justicia social le llaman a eso. Pero no es otra cosa que robo legitimado moral y legalmente. Porque ¿qué otra diferencia, a parte de ser legal y aplicarse por la fuerza del estado, hay entre eso y el robo a secas?

Y antes que alguien me salga con el argumento de que el robo comienza con la explotación clasista, díganme cómo es que exactamente un empresario le roba a sus trabajadores. Porque en la relación empresario-trabajador yo no veo otra cosa que un contrato por mutuo acuerdo, en el que el empresario contrata al empleado, no le quita nada. Si al trabajador no le sirve trabajar por ese salario, entonces tiene todo el derecho de no aceptarlo. Y si al trabajador le sirve, no hay más que un intercambio: el empresario paga un salario al trabajador a cambio de sus servicios. Ambos salen ganando algo.

De todas formas, el principal argumento que manejo en contra de este subsidio son consideraciones puramente económicas.

Por un lado, no se tiene en cuenta a los productores marginales que utilizan el gasoil, que también son empresarios hablando estrictamente. Pero como son pequeños empresarios, por ejemplo con su camioneta o camión para hacer changas, o para transportar el producto de su pequeña granja, la ideología marxista los denomina trabajadores. Es decir, de acuerdo a la propia ideología marxista, le están quitando recursos a una parte de trabajadores de bajo nivel adquisitivo, para darle a otros.

Pero aún hay más: como el sector de trabajadores beneficiado por los subsidios, ahora va a tener mayor poder adquisitivo, gracias a que consume menos dinero en transporte, va a generar más demanda de diversos productos, que permite una suba de sus precios, incluyendo parte de aquellos productos que sufren más impuestos para pagar estos subsidios. Y en este caso en particular este efecto es muy importante, desde el momento en que los productores rurales son los más afectados por el incremento de los impuestos al gasoil, y al mismo tiempo su actividad productiva es de las más esenciales. También la clase trabajadora subsidiada consume gran cantidad de productos de origen rural, principal fuente de alimentos.

En resumen, en una primera instancia de razonamiento, el efecto de los subsidios es neutro. No sirve para nada.

Pues esto es un error, porque es peor aún que eso: los subsidios generan ineficiencias que perjudican a todos, incluyendo a los mismos trabajadores supuestamente beneficiados.

Porque cuando aumenta la demanda, y por lo tanto es posible aumentar los precios, se genera un incentivo a producir más, ya que los márgenes de ganancia se incrementan. No importa si se da el caso que los productores ya establecidos obtienen más ganancias si venden el mismo volumen más caro que si venden máyor volumen más barato. Porque esto jamás se da para los nuevos emprendimientos que se suman a la actividad, atraidas por el mayor margen de ganancias.

Pero en este caso en particular, parte de la producción beneficiada por una mayor demanda, también es aquella que sufre los impuestos de forma directa. Este sector productivo soporta el total de los impuestos, pero recibe sólo una parte del incremento de la demanda. Con lo cual el nuevo margen de ganancias generado por la mayor demanda, es menor que antes del subsidio.

Esto significa la desaparición del volumen de producción marginal, es decir, aquél que es económicamente inviable en caso de una reducción dada de la rentabilidad. Y esta eliminación genera un aumento adicional de los precios. Pero más importante aún, una reducción del volumen de producción, es decir, de la oferta, afectando a todos los consumidores con una mayor escasez.

Y no sólo eso, sino que, el sólo hecho de que se esté afectando principalmente a los productores marginales, significa que el peso del subsidio lo sufren principalmente ellos, los de menor rentabilidad. Mientras que aquellos productores de mayor rentabilidad, los que más tienen, son los menos afectados.

En otras palabras, todo lo contrario a lo que se quiere lograr. Pues siempre que se aumentan los impuestos, los que más sufren son aquellos con menos posibilidad de pagarlos.

Si se me argumenta que ellos al mismo tiempo son beneficiados por los subsidios, con lo cual se neutraliza el efecto negativo, respondo en primer lugar que este subsidio beneficia a los usuarios del transporte colectivo, que prácticamente no es utilizado por los habitantes rurales, parte de los más afectados por el incremento de los impuestos al gasoil.

Pero en el caso más general, aunque el subsidio beneficie también a parte de quienes lo soportan con más impuestos, el efecto sobre parte de la producción marginal no se elimina.

Dada la complejidad de la oferta y la demanda, los escenarios posibles soninnumerables, y en la práctica es imposible determinar qué es lo que va a suceder. Pero en el mejor de los escenarios para los argumentos en favor de los subsidios, éstos sólo tienen un efecto totalmente neutro, con lo cual, en el mejor de los casos, es totalmente inútil.

Y no olvidemos los costos burocráticos y administrativos. Esos siempre están, incluso en el mejor de los casos.

A todo esto, sumemos el hecho de que toda actividad subsidiada tiende a ser más ineficiente y de menor calidad, al eliminarse el incentivo de la rentabilidad lograda con el propio esfuerzo y mejora del servicio a los clientes, pero eso es otra historia.

Y nunca olvidar que en el costo del transporte colectivo influyen todos los impuestos que cobra el estado, que no son de poca monta. Eso nadie del gobierno lo menciona.

La conclusión de esta clase de razonamientos es siempre la misma: y es que ningún sistema intervencionista es más eficiente y beneficioso que el del mercado no intervenido, es decir, sin impuestos, sin subsidios, y sin control de precios.