Tal vez el método más populista y demagógico de justificar la existencia de los impuestos y el sostén del estado, es mediante el impuesto a la renta. El último refugio impositivo de los estados.
Para empezar, yo, con la visión de un anarquista, no veo qué hay de justo en un sistema impositivo, sólo porque algunos pagan más que otros. Hagamos una traducción de lo que realmente están diciendo: «Miren, esto es justicia social: a los que les podemos robar más, les robamos más. A los que les podemos robar menos, les robamos menos.»
Y los que tienen menos ingresos, y "se vieron favorecidos por la nueva estructura impositiva", están diciendo: «oh gracias, estado, vos sí que sos justo por no robarme tanto como a los que tienen más».
Fuera del hecho del asquete que me da semejante demostración de sumisión, lo que quiero poner en duda es eso de que con el impuesto a la renta los sectores de menores ingresos se ven favorecidos.
Establezcamos el escenario: yo, A, empresario de buena renta, inteligente, pago en forma directa más impuestos. Pero los sectores de menores ingresos, que consumen mis productos, pagan en forma directa menos impuestos, con lo cual su demanda de mis productos se vería acrecentada si yo no subo los precios. No me interesa invertir en más producción. Si antes no lo hacía, menos ahora que tengo más impuestos, es decir, menos rentabilidad, y por lo tanto, menos incentivos para invertir. También es esperable que, por la misma razón, se inhiba la entrada de nuevos competidores.
Entonces, como decía, remarco mis precios al alza, para ajustar de nuevo la demanda a mi oferta. Es decir, para volver al nivel de demanda antes de la nueva estructura impositiva.
Listo! recupero parte de lo que me quita el estado, y lo traslado a los sectores más pobres. Es una lástima que al final ellos no van a poder comprar más que antes, sino exactamente lo mismo, pero bueno, yo defiendo mis intereses.
Este sencillo razonamiento es para mostrar que no importa qué forma concreta se le de a los impuestos. Cuánto cada uno contribuye a los impuestos, no depende de cuánto pagamos en forma directa, sino de la complejísima e inasible estructura de la oferta y la demanda. El mercado --millones de individuos-- reacciona frente a las restructuras impositivas modificando a su vez la estructura de precios.
El impuesto a la renta es puro maquillaje. La mejor reforma impositiva que se puede hacer es bajar los impuestos. Ahí sí, en un inicio, las empresas son las que obtienen el primer beneficio, pues como su capacidad productiva está adaptada a la demanda actual, si la reducción de impuestos es directa para el empresario (por ejemplo, una reducción del IVA), no tiene que bajar los precios, y si es directa para la mayor parte de los consumidores (por ejemplo, bajando los impuestos a los salarios y a la renta), puede subir los precios para evitar una mayor demanda (y aprovechar precios más altos con la misma demanda)
Pero a mediano y largo plazo, mayor rentabilidad para los empresarios (condición que no se daba en la discusión del impuesto a la renta) incentiva el ingreso de nueva competencia, forzando los precios a la baja, y repartiendo las rentabilidades y los beneficios de la reducción de impuestos entre más personas.
Es muy probable que parte del incremento del IPC de estos últimos meses se deba precisamente...al nuevo impuesto a la renta.
Economía, Finanzas, Teoría del Derecho, Teoría del Estado, el Anarquismo y las instituciones, Método y Medio Ambiente. Desde la metodología económica de la escuela austríaca y una perspectiva ética libertaria.
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Sunday, October 21, 2007
Friday, October 19, 2007
Sobre la acción coordinada de los consumidores y la baja de precios.
Por
Wolvh Lórien
Hace unos días escuchaba en la radio un programa en el que se mencionaba el éxito de los consumidores argentinos que, gracias a su acción coordinada de abstención de comprar tomates, lograron que su precio bajara. Todo un éxito! La moraleja fue que los argentinos se pasan quejando, y logran lo que buscan. Y que los uruguayos deberían hacer lo mismo.
Veamos. No voy a discutir en este post el caso de los grandes problemas institucionales de Argentina que tienen mucho que ver con el asunto de los constantes líos en la sociedad del país vecino. Creo, sin exagerar, que la sociedad allí es el estereotipo de la que se mueve esencialmente en términos de grupos de poder. Y las consecuencias son catastróficas para cualquier sociedad.
Acá pasa lo mismo, pero en menor grado. Aunque preocupante y creciente.
Pero como dije, no voy a discutir aquí sobre este asunto, más que decir que seguir el ejemplo de Argentina no es precisamente un buen consejo.
De lo que quiero hablar es de algunas cuestiones de oferta y demanda, consumidores y vendedores, que parece no tenerse en cuenta cuando se hacen comentarios como el referido en este caso sobre la baja de los tomates.
Supongamos que es cierto que los tomates bajaron como consecuencia de la abstención de los consumidores. Bien, ¿cuál era el objetivo de los consumidores? ¿no era acaso el hacer bajar el precio de los tomates para que más gente pudiera comprarlos? Porque si ese era el objetivo, nunca lo lograron. Los precios bajaron precisamente porque menos gente los compra. El acceso a los tomates no se mejoró. ¿O abstenerse es comprar? ¿Dónde está la viveza?
Si ahora me dicen que a partir de la baja del precio de los tomates, más gente va a poder comprarlos, ya que dejarían de abstenerse, pues...están equivocados. Una vez termina la abstención, la demanda vuelve a subir, y por lo tanto... los precios también.
Los que en realidad se vieron beneficiados fueron aquellos compradores de tomates que nunca se abstuvieron de comprarlos y que, durante la abstención del resto, accedieron a precios más bajos.
Ahora, si me dicen que los precios de los tomates no volvieron a subir luego de finalizada la abstención, es simplemente porque los precios nunca bajaron como consecuencia de una abstención, sino como consecuencia de una mayor oferta. Hay muchos factores que inciden en el precio de los productos, sobre todo los estacionales. Acá en Uruguay también bajo el tomate recientemente, y no como consecuencia de alguna acción coordinada de los consumidores.
Si los consumidores supieran bien lo que les conviene, nunca intentarían bajar los precios de los tomates de esa manera, más allá del hecho de que, por lo explicado arriba, nunca se vieron beneficiados por la baja del precio. Simplemente porque precios altos de un producto implica oportunidades y espacio de rentabilidad para un incremento productivo, sino de los productores actuales, sí de potenciales productores. Incluso ellos mismos podrían serlo y aprovechar la oportunidad. Con eso no sólo sacarían una rentabilidad, sino que ayudarían a forzar a la baja de precios. ¿Quién dice que lo rentable es contrario al interés social?
Pero la mentalidad en estas regiones del planeta no es "aprovechemos las oportunidades que surgen en el mercado". Es "palos para que el aprovecha las oportunidades. No puede ser que haya gente que tenga más éxito que yo. Todos debemos ser iguales. Todos debemos ganar lo mismo. Hay que quitarles a los que tienen más para darles a los que tienen menos."
Sobra decir que este no es más que un modo demagógico y populista de legalizar el robo. Los que tienen menos siempre envidiaron a los que tienen más. Y ciertos líderes e ideologías se nutren de este sentimiento mezquino de grandes porciones de la sociedad.
Y me abstengo de hacer acusaciones acerca de la mediocridad de ciertas tendencias ideológicas.
Veamos. No voy a discutir en este post el caso de los grandes problemas institucionales de Argentina que tienen mucho que ver con el asunto de los constantes líos en la sociedad del país vecino. Creo, sin exagerar, que la sociedad allí es el estereotipo de la que se mueve esencialmente en términos de grupos de poder. Y las consecuencias son catastróficas para cualquier sociedad.
Acá pasa lo mismo, pero en menor grado. Aunque preocupante y creciente.
Pero como dije, no voy a discutir aquí sobre este asunto, más que decir que seguir el ejemplo de Argentina no es precisamente un buen consejo.
De lo que quiero hablar es de algunas cuestiones de oferta y demanda, consumidores y vendedores, que parece no tenerse en cuenta cuando se hacen comentarios como el referido en este caso sobre la baja de los tomates.
Supongamos que es cierto que los tomates bajaron como consecuencia de la abstención de los consumidores. Bien, ¿cuál era el objetivo de los consumidores? ¿no era acaso el hacer bajar el precio de los tomates para que más gente pudiera comprarlos? Porque si ese era el objetivo, nunca lo lograron. Los precios bajaron precisamente porque menos gente los compra. El acceso a los tomates no se mejoró. ¿O abstenerse es comprar? ¿Dónde está la viveza?
Si ahora me dicen que a partir de la baja del precio de los tomates, más gente va a poder comprarlos, ya que dejarían de abstenerse, pues...están equivocados. Una vez termina la abstención, la demanda vuelve a subir, y por lo tanto... los precios también.
Los que en realidad se vieron beneficiados fueron aquellos compradores de tomates que nunca se abstuvieron de comprarlos y que, durante la abstención del resto, accedieron a precios más bajos.
Ahora, si me dicen que los precios de los tomates no volvieron a subir luego de finalizada la abstención, es simplemente porque los precios nunca bajaron como consecuencia de una abstención, sino como consecuencia de una mayor oferta. Hay muchos factores que inciden en el precio de los productos, sobre todo los estacionales. Acá en Uruguay también bajo el tomate recientemente, y no como consecuencia de alguna acción coordinada de los consumidores.
Si los consumidores supieran bien lo que les conviene, nunca intentarían bajar los precios de los tomates de esa manera, más allá del hecho de que, por lo explicado arriba, nunca se vieron beneficiados por la baja del precio. Simplemente porque precios altos de un producto implica oportunidades y espacio de rentabilidad para un incremento productivo, sino de los productores actuales, sí de potenciales productores. Incluso ellos mismos podrían serlo y aprovechar la oportunidad. Con eso no sólo sacarían una rentabilidad, sino que ayudarían a forzar a la baja de precios. ¿Quién dice que lo rentable es contrario al interés social?
Pero la mentalidad en estas regiones del planeta no es "aprovechemos las oportunidades que surgen en el mercado". Es "palos para que el aprovecha las oportunidades. No puede ser que haya gente que tenga más éxito que yo. Todos debemos ser iguales. Todos debemos ganar lo mismo. Hay que quitarles a los que tienen más para darles a los que tienen menos."
Sobra decir que este no es más que un modo demagógico y populista de legalizar el robo. Los que tienen menos siempre envidiaron a los que tienen más. Y ciertos líderes e ideologías se nutren de este sentimiento mezquino de grandes porciones de la sociedad.
Y me abstengo de hacer acusaciones acerca de la mediocridad de ciertas tendencias ideológicas.
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