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Thursday, December 04, 2008

El ejemplo de Venezuela y la Escuela Austríaca de Economía

En estos tiempos voy a insistir mucho en el proceso económico que está sufriendo Venezuela, por la razón que, dado el grado de control estatal que sufre el mercado en dicho país, es un ejemplo ideal para mostrar la exactitud de las predicciones de la teoría económica austríaca en relación a la intervención estatal. Cuantos más fuertes los controles, más se manifiestan los fenómenos pronosticados.

Lo que diferencia la teoría austríaca de cualquier otra teoría económica, y que determina su exactitud, es que la primera es la única que considera que las leyes económicas no surgen de teorías matemáticas ni generalizaciones positivistas ni de desarrollos que falsamente se presumen empíricos, ya que el empirismo es imposible de aplicar en un sistema en el cual no es posible aislar causas, no es posible experimentar, y es permanentemente alterado por la intervención humana. La teoría austríaca es la única que considera que las leyes de la economía surgen de la acción humana, es decir, de la acción de innumerables individuos que están permanentemente desarrollando y aplicando medios para alcanzar sus fines de la manera más económica posible, es decir, al menor costo subjetivo.

Todas y cada una de las teorías económicas, excepto la austríaca, se olvidan de este factor fundamental. Los socialistas dicen: hemos fracasado por unos pocos egoistas que no han sabido seguir los principios del socialismo, o por la cultura burguesa infiltrada en el movimiento obrero, o porque el capitalismo está dentro de nosotros y no hemos tenido la superioridad moral de desterrarlo, o porque han habido traidores de clase.

Pues todo eso no son otra cosa que los diversos nombres peyorativos y frustrados que le aplican a un fenómeno que no entienden, no admiten y no quieren entender: la acción humana y la existencia de algo llamado INDIVIDUO, que sigue sus propios intereses, y que actúa en consecuencia de la manera descrita.

Cada vez que un plan del gobierno fracasa, siempre responsabilizan a tal o cual persona, a tal o cual grupo de personas, que no actuaron de acuerdo al plan. Pues no hacen otra cosa que admitir el principio de la acción humana y el principio del individualismo metodológico.

Las causas de la situación económica que afecta a Venezuela se hacen entonces evidentes en todas las partes informativas, de cualquier color ideológico, y que la teoría austríaca engloba en un concepto: la acción humana. O, en otras palabras, el grado de anarquismo imposible de eliminar hasta por los controles más férreos del estado. La evidencia de este fenómeno abunda en mi artículo anterior y en los artículos de referencia.

En este, les dejo con el siguiente artículo proveniente de El Universal, con aún más evidencia de esto y de lo que vengo pronosticando desde hace tiempo atrás en el presente blog: que Venezuela iba a ser uno de los países más afectados por una crisis que, lejos de determinar la caída del capitalismo, muy al contrario, es un mecanismo depurador que eliminará del espectro de modelos los sistemas más estatizados.

La caída del petróleo amenaza con desatar tormenta cambiaria.

Wednesday, December 03, 2008

La crisis y el mercado negro en Venezuela

En entregas anteriores de Austrian Diary expliqué que los gobiernos de corte populista, autoritario y fuertemente estatista se tientan muy fácilmente de expandir el gasto del estado cuando sus entradas se incrementan, creando serios problemas cuando sus entradas se reducen, lo que, contrariamente a lo que sus discursos quieren hacer pensar, conduce a que sus economías se vean muy afectadas por las crisis cíclicas.

Por supuesto, esta es sólo la punta del iceberg. Lo que sucede a mayor profundidad es que las políticas aplicadas provocan una fuerte desaparición de capitales privados, tanto por huida como por expropiación estatal, de tal forma que toda la economía se vuelve cada vez más dependiente de la inversión del estado que, convirtiéndose paulatinamente en un enorme monopolio, se torna cada vez más ineficiente desde el punto de vista productivo.

Este es el caso típico de Venezuela, con una economía cada vez más dependiente del petróleo, y monopolizado por el estado. Nada más estratégico para un estado que hincarle el diente a un recurso de muy bajos costos productivos y muy altos márgenes de ganancia. Incluso con muy altos niveles de ineficiencia, descuido, burocracia, populismo y pérdidas por corrupción logran muy buenas ganancias.

Sin embargo, esto no puede ser para siempre. Estos estados se tientan a gastar cada vez más y más y llega un punto en que colapsan sus fondos. Y más cuando hay crisis. Con cada aumento del precio internacional del petróleo, el estado venezolano ha incrementado sus gastos. Cuando el petróleo pasó los 150 dólares por barril fue una fiesta. Pero ahora, en plena crisis, ha quedado por debajo de los 50 dólares por efecto de la reducción de la demanda. Un golpe muy duro para el "socialismo del siglo XXI", que irónicamente depende tanto del desarrollado mundo capitalista para sostenerse.

Consultores económicos estiman que tan sólo para equilibrar sus cuentas, el estado venezolano necesita un precio de 90 dólares el barril, casi el doble del precio actual.

De esta manera Venezuela ha optado también por suspender la compra de bonos de deuda de Ecuador y Argentina (otros países en camino "al socialismo", si bien en el caso de Argentina, de forma no declarada), ya que con el déficit comercial adquirido difícilmente podrá darle "una mano" a sus socios. Recordemos además que por los bonos argentinos Venezuela cobra un 15% de interés anual, en comparación con el 5% que Argentina pagaba al FMI en los diabólicos tiempos del neoliberalismo.

El mercado negro


Otra arista del problema es el fenómeno del dólar paralelo en Venezuela. Como consecuencia de las políticas llevadas a cabo en este país, la constante fuga de capitales obligó al estado a aplicar en el 2003 un control férreo sobre la salida de divisas, lo que incluye no sólo restricciones aduaneras sino también límites en las compras en dólares con tarjetas de crédito y la imposición de un precio bajo del dólar para desincentivar la venta y por tanto reducir la sangría.

Actualmente el dólar oficial tiene un precio de 2.15 bolívares. Sin embargo, esta imposición no ha hecho otra cosa que promover un mercado negro de divisas, en el cual el dólar cotiza muy por encima de este valor. Al día de hoy, 5.10 bolívares por dólar, y eso que ha bajado algo en estas últimas semanas.

Y este mercado negro no es para nada marginal. Ya es toda una institución en Venezuela a pesar de los esfuerzos del gobierno. Este mercado paralelo ha permitido una alarmante fuga de capitales. Se calcula que en el primer quinquenio 2003-2007 desde la imposición de los controles, se han fugado 50.000 millones de dólares de Venezuela. Y tan sólo en los primeros nueve meses del 2008 ya se han fugado 19.718 millones, es decir, casi la mitad de lo fugado en el primer quinquenio.

De hecho no sólo los fondos privados se han fugado. Esta diferencia entre el dólar en el mercado oficial y el mercado paralelo ha permitido que diversos agentes compren los dólares que el estado coloca en el mercado interno oficial, y los vendan en el mercado paralelo al doble de su valor. Los analistas estiman que una nueva devaluación oficial del bolivar es inminente, lo que demuestra una vez más que las leyes del mercado no pueden ser alteradas por la política.

Como consecuencia de todo esto, un curiosísimo fenómeno es que el mismo gobierno está vendiendo fuertes sumas de divisas en el propio mercado negro. Esto no sólo tiene el efecto de presionar a la baja el dólar paralelo (como hemos dicho, ha bajado algunos puntos estas últimas semanas) sino que permite que los mermados ingresos petroleros le rindan más del doble en el mercado interno y le permita equilibrar las cuentas.

Otro importantísimo mercado negro desarrollado bajo los fuertes controles estatales es el del "turismo cambiario". Leer este artículo de Reuters. Muy sustancioso, desde el comienzo al final.

El "socialismo del siglo XXI" ha sucumbido totalmente a las leyes del mercado y su fracaso largamente anunciado ya es un hecho.