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Saturday, July 25, 2009

Cuestiones de política

Me voy a sacar las ganas una vez más de escribir sobre las próximas elecciones, la campaña política y la sociedad. En esta ocasión, después de las internas de junio. Primero voy a repetir por qué voy a votar aún siendo anarquista.

Ser anarquista es estar en contra del estado. No votar es tan sólo una estrategia, no parte del ideario anarquista. Y una estrategia totalmente inútil. Que no envía al sistema político el mensaje de que queremos que se vayan. Y menos cuando la casi totalidad de la sociedad cree en que la existencia del sistema político es necesario. Hay que diferenciar entre la disconformidad con los políticos de turno, y la creencia o no en que debe existir un sistema político. Y no votar, votar nulo, o en blanco, a lo más envía una señal de disconformidad con los políticos, no una señal en contra del estado y el sistema político. Y aún siendo lo primero, los políticos generalmente no se sienten muy aludidos de todas formas.

Por lo tanto, prefiero influir aunque sea un poco en el resultado final. Porque además, no considero que cualquiera en el gobierno da lo mismo. Vivimos inmersos en una américa latina que cree que el valor máximo a defender es la opinión de la mayoría, que vale todo para el que gana las elecciones, sin importar los que piensan de otro modo. Una sociedad incapaz de diferenciar entre democracia republicana y dictadura votada por una mayoría. Una sociedad que condena las dictaduras del signo opuesto, sobre todo las que se dieron durante los años 70, pero que aplaude las dictaduras socialistas, aunque hayan sido votadas por la mayoría, que no son menos dictaduras por eso. Sólo basta ver por ejemplo, la cantidad de poderes que gozan ciertos líderes latinoamericanos muy aplaudidos y venerados, incluso los elegidos en elecciones mas o menos libres. Y esto a mí me pesa a la hora de comparar entre las distintas alternativas, incluso acá en Uruguay. Prefiero por lo tanto mantenerme activo, tanto votando como argumentando, y no mantenerme en una postura pasiva, que de anarquista no tiene nada.

Concluída esta aclaración, paso al tema principal del post. La campaña por el momento me ha parecido bastante chata, de todos lados.

Muy chata por parte del frente amplio, cuyo candidato a presidente, José Mujica, es, para cualquiera que conoce con cierta profundidad ciertos temas, un total ignorante, que en lo único que es bueno es en la demagogia pura. Con un perfil populista, que encaja perfectamente en el de aspirante a dictador elegido por mayorías que mencionaba arriba. Un candidato a vicepresidente que parece que está sólo para figurar, para dar una imagen de continuidad con el actual gobierno. Y una campaña centrada en dos falacias: la continuad con el gobierno anterior, y la comparación con el primer gobierno de Lacalle en el primer lustro de los noventa. Muy efectiva para arengar y lograr los aplausos de sus correligionarios de siempre, pero muy lejos está de atraerse gente de afuera, que es lo que necesita para ganar.

Porque no se les escucha hablar mucho de por qué votarlos a ellos, sino por qué no votar a los otros. Eso, sumado al chamuyo constante de Mujica, que un dia dice una cosa y al otro otra distinta, o directamente no dice nada con contenido, hacen que la formula del frente amplio no solo no convenza a los que tiene que convencer, sino que sea una incertidumbre total. Nadie aún sabe de qué va. ¿Va a ser igual a este gobierno? ¿va a "profundizar" los cambios? ¿qué van a mantener vigente y qué van a cambiar para profundizar? Temo, por mi parte, que van a mantener vigentes los errores del gobierno actual, que son las tradicionales banderas de la izquierda, y cambiar los aciertos, que es aquello que históricamente le criticaron siempre a los otros partidos, con algunas excepciones en ambos casos.

Por parte de los otros partidos, ha sido una campaña chata porque considero que sus candidatos no están haciendo una campaña muy inteligente, no mencionan los aciertos de este gobierno, y no saben responderle adecuadamente a los dichos de los candidatos del frente amplio, todo lo cual me hace dudar de su capacidad como gobernantes y de si realmente tendrán claras las cosas. Todo más allá de que en mi opinión las preferencias del electorado ya están configuradas, no creo que cambien significativamente de aquí a octubre y noviembre, y por lo tanto el frente amplio va a perder las elecciones.

Establezcamos algunos elementos necesarios para entender otros aspectos del problema evitando la pasión partidista que no deja pensar claramente a mucha gente. Desde la salida de la dictadura hasta acá, todos y cada uno de sus gobiernos han tenido sus aciertos y sus errores. Cada gobierno ha logrado cosas buenas que se han mantenido por los gobiernos sucesivos, o a veces, lamentablemente, revertido. Y también cada gobierno ha tenido deficiencias que han sido mejoradas por los sucesivos, o a veces, lamentablemente, mantenido o incluso empeoradas. Y ningún gobierno ha sobresalido en relación a los demás.

La primer falacia que menciono en la campaña del frente amplio es dárselas de continuidad de este gobierno. Este gobierno ha mantenido en ciertos aspectos el curso de los anteriores. Si les fue relativamente bien, no fue porque llegaron con nuevas y grandiosas ideas, sino debido a las condiciones favorables externas, a las prácticas que los anteriores gobiernos aprendieron e instituyeron, y que el actual gobierno conservó a pesar de ser opuestas al tradicional discurso de la izquierda, y a algunas mejoras que el gobierno actual imprimió, sobre todo, y lo he repetido muchas veces ya en mi blog, en cuanto a política monetaria. Ahora, este gobierno también ha cometido sus errores. Y bastante graves por cierto.

Un eventual segundo gobierno del frente amplio, a juzgar por las escasas certezas que muestra el propio discurso que no se sabe bien para donde tira, no sería una continuidad de éste. Si la idea es empezar a implementar las tradicionales banderas de izquierda, el mayor continuismo de este gobierno del frente amplio se encontraría irónicamente en las fórmulas de la oposición, y no en la del propio frente amplio, a excepción de por las ya concretadas, que, como dije antes, han sido más errores que aciertos (por ejemplo, consejos de salarios, aumento desmedido del gasto público, fortalecimiento del poder de los sindicatos públicos, el irpf, o el trasnochado latinoamericanismo y su concreción en el parlamento del sur, etc).

Ahora, en cuanto a la segunda falacia, la de comparar este gobierno del frente amplio con el del partido nacional hace 15 años.

Se comparan por ejemplo índices de inflación entre uno y otro. En la época del primer gobierno de Lacalle tuvimos índices de inflación anuales entre 40 y 100 por ciento. Actualmente tenemos índices de una cifra porcentual. La comparación no es válida. Por muchas razones. Antes que nada, debemos observar cómo el tradicional discurso del frente amplio --blancos y colorados son lo mismo--, ya no vale acá. Claro, si tuvieran que comparar con los "blanquicolorados", resulta que la inflación de los últimos gobiernos ha sido similar a la de éste. Debemos recordar también que en aquellos tiempos del gobierno de Lacalle, el frente amplio aún defendía las altas tasas de inflación como medio de aplicar políticas sociales. Ahora, no lo hace. El frente amplio se ha aggiornado en muchos aspectos. Y en este sentido siempre ha ido por detrás de los otros partidos. Y con este gobierno se ha aggiornado más que nunca. Es que una cosa es estar en la oposición, otra distinta en el gobierno. El control de la inflación no fue algo que inventaron con este gobierno. Fue algo que aprendieron de los anteriores. ¿Qué les hace pensar entonces que un segundo gobierno del partido nacional aplicaría políticas de inflación que llevarían a tasas del 60 o 100 por ciento?

Y si comparamos tasas de desempleo, poder adquisitivo, bienestar económico, etc, por supuesto que las cifras tomadas durante este gobierno son mejores que las tomadas durante el primer gobierno de Lacalle. Pero en todo caso el mérito no es exclusivo de este gobierno, sino también de todos los anteriores. El país ha crecido, la tecnología en el mundo ha avanzado, y ha llegado a nuestro país, han llegado inversiones, el estado se ha modernizado en parte. Y todo eso no es cosa de estos últimos cinco años, sino de los últimos 20 o 25 años. El desarrollo actual está asentado en el desarrollo previo. Es claro que, quince años después, las cifras son mejores. Como dentro de quince años, si no pasa una catástrofe, si no nos ataca la onda del socialismo del siglo XXI, las cifras van a ser mejores aún que ahora. Tales cifras no son, pues, de modo alguno un mérito exclusivo de este gobierno.

Es más, sacando el tema de la política monetaria, y poniéndonos ya anarquistas, lo correcto es decir que este gobierno ha entorpecido el mejoramiento de la sociedad en muchos aspectos, más que lo que lo han hecho los gobiernos recientes anteriores. ¿Que las cifras demuestran lo contrario? Eso es un grave error metodológico. Las cifras por sí solas no pueden demostrar que este gobierno hizo las cosas bien. Para hacerlo, deberían compararse con las cifras en un hipotético caso con un gobierno que actuó diferente, bajo exactamente las mismas condiciones. Y como tal experimento no es posible (*), las cifras no pueden demostrar nada. Podríamos decir, por otro lado, y con el mismo criterio, que las cifras muestran el éxito de la sociedad en alcanzar sus metas, a pesar de, y no gracias a, la intervención del gobierno. Y las cifras tampoco contradicen esta afirmación.

Lo que sí podemos hacer es comparar la situación con la situación de otros países que han hecho otras cosas, y al menos obtener un resultado estimativo. Y si comparamos con sociedades que han logrado más que acá, podemos darnos cuenta que en este país, y esto es cosa de todos los gobiernos, no sólo de este último, mas bien parece que se ha entorpecido muchísimo el avance de la sociedad en conseguir sus metas. Con las condiciones tan favorables que teníamos, las cifras deberían haber sido mucho mejores. Las cifras parecen lindas si las comparamos con la mediocridad con que el uruguayo medio las juzga. Acá parece un éxito haber logrado cifras de desempleo de 7, 8 por ciento. En otros países, esas cifras indican una crisis (son los mismos niveles de desempleo que alcanzó EEUU en el auge de la reciente crisis, con la que muchos alegremente ya vaticinaban el fin de ese país). Acá parece un éxito lograr una IPC anual del 3 o 4 por ciento. En otros países el IPC negativo es algo común. Acá es todo un éxito que el monopolio público del servicio de internet haya logrado 384K de velocidad a 600 pesos por mes. En japón, por ese mismo precio (y mucho menor en términos comparativos al ingreso medio) la velocidad en los hogares es doscientas veces mayor.

Acá es un éxito que se hayan incrementado los salarios de todos gracias a los concejos de salarios. En otros países, lo mismo ha sucedido sin concejos de salarios, y en términos reales y sostenidos. Y digo reales y sostenidos, porque los concejos de salarios no son más que pura propaganda y un verdadero fracaso. La incidencia que han tenido los concejos de salarios ha sido puramente nominal. Parte se la comió la inflación, y parte se la va a terminar de comer la inflación futura. Además, el incremento forzado de los salarios genera desempleo y recesión. Un detalle que pocos conocen es que mucho antes que nosotros, medidas similares se aplicaron nada menos que en EEUU...unos años antes de la gran depresión. Y la única salida que se encontró fue provocar una inflación lo sufientemente grande que absorbiera los incrementos forzados de salarios. Era mucho más fácil que reducir directamente los salarios. Y acá ya hay señales de recesión, el BCU ya está bajando artificialmente el precio del crédito, y eso va a establecer la inflación que va a neutralizar e incluso superar los efectos de las subas de salarios por decreto.

Acá se considera un éxito el sistema de salud que se impuso durante este gobierno. Deberíamos compararlo con las prestaciones, accesibilidad y costos del sistema de salud de Singapur, para darnos cuentas que el gran invento de este gobierno da lástima.

Acá se considera un éxito las cifras de inversiones en el país. Pero deberíamos compararla con las cifras de inversiones en otros países en condiciones similares o peores, que se han abierto al mundo, que han achicado al estado, modernizado sus empresas y permitido la libre competencia. Sin embargo, no se identifica una sola medida del gobierno actual capaz de beneficiar o atraer inversiones, excepto el de la mejora de la política monetaria, que tampoco fue drástica, y cuyos efectos en realidad son a largo plazo y aún no se manifestaron, ya que al contrario, dichas políticas tienen efectos contractivos a corto plazo (contractivo en sentido de no realimentar o realimentar menos un boom económico artificial que es perjudicial a largo plazo).

Claro, cuando las cifras y el éxito se compara con... nada, cuando no hay otra referencia que las exiguas exigencias del uruguayo medio, totalmente desinformado de lo que pasa en el resto del mundo, todo es un éxito. Pero deberíamos ver qué hacen en otros lados y qué resultados obtienen, en lugar de usar como demostración de éxito cifras que son verdaderamente lamentables si salimos de los criterios de una sociedad que vive fuera del mundo en plena era de la globalización.

En fin, el menos peor de los candidatos es aquel que mantenga lo mejor de los gobiernos anteriores, incluido este último. Y que plantee algunas ideas buenas y nuevas, al menos para lo que es Uruguay. En este sentido, voy a enumerar algunos puntos que deberían ser considerados para un próximo gobierno si la idea es mejorar aunque sea algo o por lo menos no ir para atrás. No puedo pretender más que eso si la idea acá se trata de analizar las alternativas disponibles para gobernar los próximos cinco años, y determinar cuál va a ser el mal menor.

1) Política monetaria. Lo ideal es que el banco central deje de existir. Menos ideal, pero aceptable, es que deje de emitir y que no intervenga en el mercado de crédito y de cambio. La política del actual gobierno en sus primeros años se ha acercado un poco a este ideal, en relación a los gobiernos anteriores, subiendo sus tasas de interés, y no interviniendo en el precio del dólar aún frente a la presión de los exportadores, presión a la que siempre han cedido los otros gobiernos. Lamentablente no veo siquiera en los candidatos oficialistas la certeza de que tal cosa va a ocurrir. El mismo Mujica se encargó de despejar dudas en este sentido, diciendo que se necesita un dólar más alto para proteger al campo (la continuidad, ¿dónde queda?). Y a los de oposición, tradicionalmente ligados a los lobbies exportadores, ya los he escuchado criticar la actual política. Con lo cual, en relación a este punto, parecería indistinto votar a cualquiera.

2) Se necesita un recorte radical del gasto público, acompañado de un recorte radical de impuestos. Este gobierno ha recaudado muchísimo más que los anteriores, producto de la mejor situación, de mayores impuestos y políticas contra la evasión, y sin embargo, finaliza con un déficit fiscal superior al que le dejó el gobierno anterior. Al menos hay candidatos que sugieren que se debe pasar la motosierra sobre el gasto público, pero deberían insistir más en este punto y explicarlo mejor, ya que de todas formas no queda claro si también está incluído en el plan la reducción de impuestos. Es economía básica que los altos impuestos obstaculizan la inversión, ya que tanto se habla de esto. También empobrecen al trabajador y la creación de empleo. Y las cifras no demuestran lo contrario. Aquí también vale todo lo dicho antes. El problema de las cifras, como dije antes, es que se presentan sin referencia a nada. Para que muestren algo, deberían compararse con un caso con menos o más impuestos, y todo lo demás igual. Como no se pueden llevar a cabo semejantes experimentos, debemos recurrir a la razón. Y la razón nos dice que a más impuestos, menos interés en invertir, menos salario para los trabajadores, más desempleo. Eso se sabe bien en los países desarrollados, donde se aplican recortes de impuestos para paliar los efectos de las crisis. Acá siempre se ha hecho lo contrario. Y ahora que Uruguay sí está afectado por la crisis, no hay espacio fiscal para reducir los impuestos. No tengo que aclarar que, tampoco siquiera hubo nunca la intención de contar con un espacio fiscal para tal fin.

3) Hay que romper con los monopolios públicos. Los servicios públicos son lamentables. Sólo si comparamos con otros países del tercer mundo, como lo hace por ejemplo Anteldata con su servicio de internet, podemos decir que es bueno. Lo cierto es que donde no hay competencia, no hay libertad de elegir. Y es la libertad de elegir de los consumidores la que obliga a las empresas a ser eficientes y dar un buen servicio. Además es fácil decir que se brinda un buen servicio cuando no hay competencia que nos permita establecer referencias de comparación. Se debería entonces salir de la burbuja de Uruguay y ver cómo son las cosas en los países donde los distintos servicios en cuestión son accesibles, incluso al mismo o menor costo, y muy superiores en calidad. Este gobierno no sólo no ha hecho nada para mejorar en este sentido, sino que al contrario, y como ha sucedido con la intendencia de montevideo, ha afianzado aún más el poder de los sindicatos públicos, el principal obstáculo para la modernización de los servicios públicos y su desmonopolización. Antel, UTE, OSE, ANCAP son empresas no al servicio del consumidor, sino para sostener los privilegios de sus sindicatos de trabajadores, que consideran conquista social y progreso al sistema que imponen a instancias del gobierno. Se han hecho intentos anteriormente de revertir esta situación. Pero un plebiscito los hechó por tierra. Bordaberry al momento es el único que se ha pronunciado en este sentido, pero es claro que no va a ser presidente. Tal vez es por eso que se animó a ser políticamente incorrecto. Pero la mentalidad uruguaya de que las empresas públicas son de todos es la que sostiene el privilegio de los sindicatos y por tanto en última instancia retrasa seriamente la modernización de los servicios esenciales. Las empresas públicas están controladas por políticos y sindicatos. Y mientras nos dicen que es patrimonio de todos, se abusan de su posición monopólica, y brindan servicios a siglos de distancia de lo que se ofrece en otros países, y a precios injustificables. ¿Eso es ser de todos? ¿dejarnos explotar por sindicatos y políticos?

4) Debe haber más apertura al mundo si queremos mejores salarios, menor pobreza, más inversiones y más trabajo. Lamentablemente, el mercosur no sirve para esto. Actualmente no es más que un instrumento de los socios mayores para que los menores no puedan abrirse al mundo y afectar con esto el comercio con ellos u establecer en la región puertas de entrada al comercio e inversiones internacionales que menoscaben su posición. El mercosur obstaculiza la apertura mientras esperamos como idiotas que el resto de los miembros tengan la buena voluntad de impulsar esta organización para lo que se creó. Y aún es sostenida, sobre todo desde la izquierda, con la idea en mente de un sentimiento latinoamericanista que no existe en los hechos, que es pura fábula de los libritos de Galeano. Las alternativas son abrirse a otros mercados, o quedarse estancados a instancias de los países de la región, en particular aquellos con grandes intereses geopolíticos (Brasil, que emerge, Argentina, que se hunde y sus pretenciones ni siquiera están a la altura de sus condiciones, y Venezuela con un Chavez megalómano y mesiánico que quiere imponer su modelo dictatorial en toda la región apoyado en todo el poder financiero que le da el petróleo, aunque la economía y la seguridad jurídica del país esté en ruinas). Y a pesar de todo, seguimos escuchando de boca de los candidatos oficialistas la importancia de la unión latinoamericana para hacerle frente a... ¿a qué? a enemigos imaginarios que siempre fueron buenos para conducir a un pueblo en masa detrás de líderes con incontrolables ansias de poder y que se creen salvadores.

5) El problema de la seguridad es una preocupación genuina, mal que les pese a los candidatos del gobierno. Y al menos un partido de la oposición ha dado una propuesta interesante. Sólamente una ideología que no funciona y el pensamiento políticamente correcto se interpone para adoptar medidas eficientes con los enormes recursos inutilizados de que se dispone. Si van a reivindicar al estado, al menos demuestren que sirven para algo.

Si bien cualquier político está muy lejos de mi ideal, al menos hay cosas que se pueden hacer para ir mejorando en algunas cosas o empeorar menos en otras. A mi no me compran con el plan Ceibal, ni con planes de emergencia para los pobres. Ni con concejos de salarios, ni con pague más el que tiene más, como si fuera moralmente aceptable robarle más al que tiene más. Los abusos a los que me tengo que someter, y los valores que tendría que abandonar, no lo justifican. Y menos aún, sabiendo que la política social más eficiente, rápida y sostenible es permitir el desarrollo, y no el primitivo garrote del estado.

A los que quieren gobernar les digo, si, voy a votar a alguno de ustedes, pero sálganse de mi camino lo más que puedan, limítenme la libertad lo menos posible. no me impongan monopolios ni industria nacional, róbenme menos, y al menos gasten mejor el dinero que me roban y utilicen mejor los recursos que tienen gracias a mí y en contra de mi voluntad.

Al resto de la sociedad le digo, y en especial a aquellos que no están de acuerdo conmigo: estoy jugando el juego que ustedes me obligan a jugar. El limitado espectro de alternativas que hay existe gracias al juego que para ustedes es legítimo jugar. Bánquense entonces mi voto. Cierto, puedo elegir no votar, irme a una isla desierta y vivir de la caza y la pesca, irme del país a someterme a otro estado menos maligno, antes que votar a alguno de los candidatos disponibles. Pero no se me permite tomar la opción que más quisiera: quedarme acá sin someterme a lo que ustedes se someten gustosamente, y asociarme libremente con quienes considere más valorables para hacerlo. Y entre las alternativas que me imponen, elijo lo que por el momento considero el mal menor para mí, aquel con un mejor balance de costos y beneficios para mí, como hacen todos. Y no me refiero meramente a costos y beneficios en sentido material, sino en general, en función de la escala de valores de cada uno.



(*) He aquí el gran problema metodológico de las ciencias de la economía que las corrientes positivistas se niegan a aceptar.