Economía, Finanzas, Teoría del Derecho, Teoría del Estado, el Anarquismo y las instituciones, Método y Medio Ambiente. Desde la metodología económica de la escuela austríaca y una perspectiva ética libertaria.
Índice de temas
anarquismo
(11)
aranceles
(2)
Argentina
(12)
artículos
(37)
Austrian Diary
(30)
Bancos centrales
(3)
Bitcoin
(1)
Bruno Leoni
(2)
capitalismo
(11)
China
(1)
Ciclos económicos y Crisis Global
(28)
colectivismo
(1)
comercio internacional
(1)
control de precios
(2)
Cuba
(2)
democracia
(11)
desempleo
(2)
Deuda pública
(4)
devaluacion
(2)
El caso contra el capitalismo
(4)
el mundo en imágenes
(2)
Elecciones 2009
(7)
empresas públicas
(3)
Escuela Austríaca de Economía
(5)
estadísticas
(6)
estado
(21)
Estado versus Libertad
(6)
globalización
(5)
Honduras
(2)
impuestos
(7)
Independencia Judicial
(9)
Indices Económicos
(23)
inseguridad
(1)
instituciones
(4)
intervencionismo
(15)
lectura seleccionada
(7)
Ley de Caducidad
(3)
liberalismo
(1)
Libertad
(4)
libre inmigración
(2)
marxismo
(2)
medio ambiente
(6)
mercado
(1)
mercado libre
(11)
método científico
(2)
monopolios
(5)
multimedia
(7)
mutualismo
(3)
nacionalismo
(1)
Nueva Zelanda
(2)
panorama financiero global
(7)
patrón oro
(9)
perspectiva financiera
(1)
politica
(7)
praxeología
(1)
propiedad privada
(6)
proteccionismo
(1)
ranking AU
(2)
Reflexiones Praxeologicas
(3)
separatismo
(4)
Sistemas de Salud
(3)
socialismo
(10)
subsidios
(2)
Teoría del Derecho
(7)
Textos
(3)
Uruguay
(23)
USA
(19)
Venezuela
(13)
Monday, March 28, 2011
El BPS al descubierto
Por
Wolvh Lórien
Imaginemos que en lugar de que existan muchos supermercados y almacenes en libre competencia, existiera una sola gran cadena monopólica de almacenes y supermercados del estado. Y que nos dieran la libertad de votar cada cinco años el grupo de burócratas que lo gestionara.
Podríamos fácilmente imaginarnos los eslóganes de campaña: "no subiremos los precios", "vamos a vender también aparatos electrónicos", "vamos a proveer comida para mascotas", "vamos a poner más cajeros", "vamos a abrir más sucursales", "vamos a llegar al interior profundo".
Luego, por supuesto, aparecerían los debates: "vamos a bajar los precios versus no a la motosierra", "porque la gestión del partido xxx fue un desastre y eso hay que cambiarlo", "los aparatos electrónicos son de mínima necesidad en comparación con los artículos escolares. Los almacenes del estado tienen que enfocarse en los artículos necesarios para los que tienen menos", "porque el partido yyy no apoyó la anulación de la ley de caducidad", "porque nosotros representamos a la clase obrera", "sean los pobres los más privilegiados".
Una vez pasadas las elecciones, y los nuevos (o los mismos) burócratas ocupando sus posiciones, volveríamos al mismo escenario previo: paros de los trabajadores de Supermercados y Almacenes del Estado contra el recorte de precios o a favor de más presupuesto para artículos escolares y liceales y canasta básica, dejando de rehenes y sin abastecimiento a toda la población; que no hay dinero para abrir más sucursales o poner más cajeros; escasez de abastecimiento en gran cantidad de rubros; salarios excesivos; leyes y eternas discusiones en el parlamento decidiendo qué vender o qué dejar de vender; dónde abrir sucursales; jornada de 6 horas para los empleados (gran conquista social!!); aumento de la planilla de trabajadores y gerentes (para pagar favores políticos); cajeros que salen cuando quieren a tomarse un mate y comer y hacen esperar en la cola a varios que están esperando a pasar sus carritos por la caja. Y paros y campañas por presupuesto extra con dineros fiscales para solventar los costos de una empresa de todos los uruguayos, con un importantísimo rol social: no somos una empresa con afán de lucro, nos dirán orgullosos. Por eso necesitamos más y más presupuesto del estado central para sostener este importantísimo rol.
Es posible que haya exagerado un poco, pero para ser honestos, fue sólo un poco. No se necesita ejercitar mucho la imaginación para darse cuenta que el escenario sería muy parecido a ese. O tal vez peor...
¿Qué tenemos hoy en la realidad? Supermercados y almacenes en libre competencia, compitiendo por los precios más baratos y la mayor oferta de productos, marcas y variedades posibles. Que se expanden, que intentan dar el mejor servicio posible. Que proveen toda clase de productos y marcas para diversidad de gustos, e innovan constantemente. ¿Se necesita acaso tener el derecho a votar quién va a dirigir los diversos supermercados y almacenes operativos para que funcionen? ¿funcionarían de la misma manera mediante un enorme monopolio en el que tuviéramos derecho a votar al burócrata de turno?
La libre competencia, las ganancias empresariales, las leyes de oferta y demanda, de forma distribuída, sin gestión central y sin ser subsidiados por dineros fiscales, son suficientes para brindar un servicio que satisface cada vez a más gente con mejores precios, más abundancia, más locales, mejor atención, más innovación.
Cuando lo vemos desde esta perspectiva, debería ser difícil que nos vendan la idea de que votando al burócrata de turno de un servicio monopólico tenemos alguna libertad relevante, y vivimos en plena democracia. "¿No te gusta el candidato que proponemos? Tenés todo el derecho del mundo a postularte!! Sos absolutamente libre de hacerlo. Vivimos en una democracia en donde las mayorías deciden. Y si no te gusta, podés postularte para cambiar las cosas. Pero si te quejás de la democracia, entonces sos un fascista desestabilizador. Ya la vas a extrañar cuando te falte." nos dicen, como si la libertad consistiera en eso. Claro, primero tengo que dejarme de dedicar a lo que me dedico para vivir para llevar a cabo una campaña, convencer a la gente, gastar mis recursos, mi tiempo y mi dinero en eso, y si logro ser elegido, luego tengo que negociar y constantemente luchar contra los que se oponen a mi proyecto, porque resulta que el servicio es "de todos", y cada uno va a querer pujar para su lado. ¿Y el resultado final? Muy lejos de la libertad de elegir que provee el mercado en libre competencia, a un precio inconmensurablemente superior.
Pero claro, votar o postularse, es la expresión máxima de libertad. Alegremente, esto es lo que nos dicen los políticos y burócratas, y quienes los acompañan, que viven de ese sistema que los alimenta como lo que son: un cáncer que vive de nuestro trabajo. Para ellos, libertad no es permitir la libre competencia y que cada individuo elija lo que mejor le convenga. No. Para ellos, la libertad consiste en votar cada tanto al grupo de burócratas que van a gestionar un ineficiente aparato monopólico. O postularse a asumir dicho cargo. Es como si me quisieran convencer que transportarse en carreta es mucho más eficiente que transportarse en un Porsche. ¿Y qué te dicen? Que no luches contra la carreta, porque la vas a extrañar cuando te falte.
Todo esto, si bien tiene implicancias mucho más profundas, viene a cuento de lo sucedido con el episodio de las elecciones en el BPS y las manifestaciones de su actual director contra quienes nos organizamos para anular nuestro voto con mensajes o candidatos ficticios en el sobre de votación. Desde mi punto de vista, más radical, la farsa de las elecciones en el BPS va mucho más allá de la obligatoriedad de votar por un candidato único. No tiene la menor relevancia que tengamos la libertad de postularnos. Hubiera sido lo mismo que se hubieran presentado más y no hubiera obligatoriedad. No resuelve la cuestión. Pues precisamente ahí está la farsa: que se presente eso como libertad de elegir, cuando no es más que una caricatura, una versión torcida de la libertad, un sistema engañoso y tóxico que sólo sirve para que un grupo de presión se imponga al resto, y se mantenga vivo un sistema terriblemente ineficiente desde todo punto de vista. Las elecciones libres, con o sin candidato único, con o sin obligatoriedad, sólo sirven para legitimar semejante farsa. No permiten a cada uno elegir lo que más le convenga, sino que la minoría se tiene que someter a la dictadura de la mayoría. ¿Se necesita pensar mucho para darse cuenta cuál de las dos alternativas es la más libre, la menos conflictiva y la más eficiente?
Libertad de elegir es poder elegir a quién queremos confiar la gestión de nuestras pensiones, sin limitaciones. Hoy en día existen las AFAPs, lo cual es una mejora en relación al monopolio absoluto que fue el BPS en su momento. Pero aún tenemos la obligación de dirigir parte de nuestros aportes al BPS, que promete más rentabilidad que las AFAPs, pero con un engaño: que no es sostenible en el tiempo, porque no se fundamenta en la capitalización individual e inversión, sino que se sostiene con más y más impuestos, tanto para los jubilados, que como consecuencia, al final obtienen un rendimiento menor al prometido, como a los trabajadores, que al final aportan mucho más al BPS de lo que indica el rubro Aporte BPS en su recibo de sueldo (ya por ley, de forma fija, 7 puntos del IVA van para el BPS, es decir, la tercera parte del impuesto más recaudador)
Y eso sin contar las contínuas crisis del modelo de previsión público que los políticos atribuyen a circunstancias extraordinarias o a la mala gestión de los gobiernos anteriores, sin detenerse a pensar que esas crisis son en parte la consecuencia de un sistema económicamente insostenible que llega a un punto de quiebre una y otra vez, un sistema tan rígido que es incapaz de enfrentar las incertidumbres y las variaciones coyunturales. Y durante las crisis, no hemos hecho más que financiar el déficit de forma aún más abundante, con más impuestos, deuda y sus correspondientes intereses.
Las AFAPs son mucho más transparentes. Dado que existe un importante nivel de competencia, no pueden cobrar comisiones excesivas. Pero a la vez, lo que usted aporta es exactamente lo que dice el recibo de sueldo. Las AFAPs no se subsidian con impuestos. Le mandan periódicamente un informe sobre el capital que usted aportó desde el comienzo, donde puede ver claramente su rentabilidad, los últimos aportes y las comisiones. ¿Que cobran comisión? Están cobrando por un servicio, como cualquier otro. Si a alguien esto puede parecerle vil, todo lo que funciona bien en el mundo, funciona de esa manera, siempre y cuando se gane en libre competencia. Y es más: el BPS también cobra comisiones, sólo que no sólo no lo dice, sino que además son comisiones de carácter monopólico. De hecho, son muy superiores a los cobrados de forma explícita por las AFAPs, y es todo lo necesarios para alimentar la enorme burocracia que hay detrás. Y esto es porque el BPS es un sistema monopólico, que no necesita competir para sobrevivir: es obligatorio aportar al BPS, y si los aportes regulares no son suficientes para sostener semejante malversación, y de hecho no lo son, entonces echan mano de los impuestos, que pagamos todos.
Dado que hay poca transparencia en el asunto, no he encontrado fuentes que indiquen de forma concisa cómo se dirigen los recursos fiscales. Pero Murro reconoce en una entrevista del 2009 para La República ([1]), que el 35% del presupuesto del BPS proviene de impuestos y deuda. Es curioso que, a pesar de esto, para Murro el BPS es superavitario, y que compare su situación actual con la de unos años atrás, mucho peor, para justificar el estado actual de cosas. Típica mente encerrada en la doctrina partidaria, donde todos los errores de hoy se justifican porque los anteriores hicieron peor las cosas (oí la misma lógica, por ejemplo, de los actuales directores de PLUNA, para justificar el constante déficit que solventamos todos a través de los impuestos).
Y esto no solo es problema del Uruguay. El sistema de pensiones de "solidaridad intergeneracional", --con esa etiqueta de arraigo ideológico pretenden justificar costos que no se pueden justificar de otra manera-- funciona mal en todo lugar donde existe. Y en todos los casos, sin excepción, está en crisis y se sostiene con enormes fondos fiscales. En los parlamentos se suben las edades aptas para jubilarse y se decretan nuevas financiaciones, bien por medio de más endeudamiento público o más impuestos. Aún así los números no dan. Y se vota aún más y más endeudamiento e impuestos para cubrir los déficit actuales, que no puede ser pagado por el sistema, porque no genera ganancias sino pérdidas. Patean la pelota para adelante, convirtiendo un enorme problema presente en uno aún mayor para las próximas generaciones de políticos, trabajadores y jubilados. Y cada nueva generación hace lo mismo con la siguiente. Ni los estados con mayor poder económico pueden sostener este modelo. ¿Seremos tan arrogantes para pensar que acá sí lo van a lograr, creyendo que la solución pasa simplemente por una mejor gestión y que los líderes políticos de ahora son unas luminarias que todo lo pueden?
La razón del fracaso es muy sencilla: el sistema de "solidaridad intergeneracional", al no fundamentarse en la capitalización, inversión, y rendimiento de los aportes individuales, es incapaz de ajustar las discrepancias temporales de costos y beneficios. Pero un sistema de pensiones es esencialmente eso: coordinación temporal. Uno aporta durante muchos años, y a partir de cierto momento ya no aporta más y comienza a recibir. Pero cualquier cálculo básico demuestra que las jubilaciones del sistema "solidario", fijadas con criterio político, superan largamente el monto de lo que se aportó. De manera que para sostenerlas, a las nuevas generaciones, tanto de trabajadores como de jubilados, hay que quitarles cada vez más en impuestos.
No se soluciona con crecimiento. El crecimiento para empezar no es necesariamente señal de economía sana, sino señal de una economía con aún mucho espacio para crecer. A medida que un país está más desarrollado, generalmente sucede lo contrario: el crecimiento es mucho más modesto, y al acercarse al pleno empleo, cada vez ingresan menos trabajadores a las planillas del sistema para aportar. Sin embargo, el constante aumento de las expectativas de vida incrementa la planilla de pasivos, y eso no tiene límite. Esta situación coloca a este sistema intergeneracional del mundo en una crisis sin salida posible. Es un esquema fraudulento, clasificado como Esquema Ponzi, porque promete pagar más beneficios de lo que puede pagar, y el sistema entero se sostiene tan sólo en condiciones de incremento constante de aportantes, algo materialmente imposible, excepto en las primeras etapas.
En cambio, en un sistema de capitalización, los aportes se invierten. Y al momento de la jubilación, el capital no sólo es mucho mayor que la suma de los aportes, sino que sigue generando rendimiento, y el monto de la jubilación guardará relación con el capital y su rendimiento del propio jubilado. Es decir, aquí también lo que se recibe por jubilaciones supera largamente lo aportado durante toda la vida activa. Pero la diferencia es que dichos aportes sí generaron el rendimiento necesario para sostener esa situación.
Además, el usuario tiene ciertas libertades sobre dicho capital, al punto de que puede traspasarlo a otro gestor, o transferirlo en herencia a un familiar, siempre dentro del sistema y de esa forma transferirle también el rendimiento, siempre de forma transparente.
Y en los mercados más libres, uno no está obligado a elegir gestores de pensión, y en cambio puede optar por la absoluta propiedad sobre su capital, hacer con él lo que se le dé la gana, invertirlo como le plazca, gestionarlo él mismo o ponerlo en manos de un gestor de capital, y decidir cómo y cuándo retirarse, en base a sus cálculos personales, sus expectativas, sus condiciones, etc, asumiendo, por supuesto, ciertos riesgos que no son cubiertos como en el caso de los gestores de pensiones (cuyo rendimiento es menor precisamente por cubrir tales riesgos de forma especializada).
Y hay que decir también que, si bien los gestores privados de pensión son suficientes para el uruguayo medio actual, las AFAPs están sujetas a regulaciones estatales que limitan de forma sensible su rendimiento, e incluso las hacen muy riesgosas, dada la composición de sus activos que permite y hasta impone el gobierno ([2], [3]), aún a pesar de ciertas flexibilizaciones recientes ([4], [5], [6], [7]).
Por esto último, por la obligación de aportar un porcentaje fijo a los gestores de pensiones (tanto AFAPs como BPS), y porque el BPS aún existe como monopolio parcial, es que el sistema mixto actual uruguayo, si bien supone una mejora muy importante en relación al monopolio absoluto previo del BPS, dista mucho de ser un sistema convenientemente libre, y aún hay mucho por recorrer.
Pero tal vez el mayor peligro es quienes quieren volver al viejo sistema y desde su abismo moral nos quieren imponer otra vez un vetusto e inservible monopolio estatal con el absurdo y obsoleto discurso pobrista y pseudosolidario, propio de todos los regímenes totalitarios socialistas (valga la redundancia). Se creen que pueden saber qué es mejor para nosotros, y se arrogan el derecho de dirigir nuestras vidas e imponernos su forma de pensar. Y la fé ciega que tienen en su iluminación intelectual, aunque nosotros sepamos que son unos ignorantes, los convierte en verdaderos dictadores en potencia.
Lectura recomendada
En este artículo: La revolución mundial del sistema de pensiones se hace un repaso muy completo e interesante de los diferentes sistemas de pensiones del mundo, las causas del fracaso generalizado de los sistemas de solidaridad intergeneracional, o reparto, y cómo ya han evolucionado muchos hacia sistemas libres de capitalización individual.
Referencias
[1] Entrevista a Murro para La República, 20 de octubre, 2009.
[2] ¿En qué pueden invertir las AFAPs? (Preguntas frecuentes en sitio web de Integración AFAP)
[3] AFAP: Tener tanta inversión en papeles del Estado es algo "tremendamente riesgoso", 20 de enero, 2004.
[4] Cambio en la ley permitirá a AFAP financiar obras por US$ 1.000. 15 de marzo, 2010
[5] La flexibilización del portafolio de inversiones de las AFAP, 3 de junio, 2010
[6] Senado aprobó reforma a la ley de las AFAPs, 14 de julio, 2010
[7] Modificaciones habilitan a diversificar más las inversiones de los FAP, 2 de agosto, 2010.
Lectura adicional y artículos relacionados
Tuesday, March 22, 2011
La solución separatista frente a los conflictos civiles
Por
Wolvh Lórien
El caso de Libia ha planteado una vez más el dilema. Existen dos líneas dominantes de pensamiento. Por un lado están quienes defienden la "libre determinación de los pueblos" y por tanto están en contra de cualquier intervención internacional en Libia. Parece no interesarles en lo más mínimo lo que suceda con las vidas de aquellos que son atacados por el régimen de Gaddafi, sean mayorías o minorías. Bajo el concepto de "pueblo" neutralizan cualquier manifestación disidente que busca liberarse de un régimen opresor. Muchos incluso niegan que existan los ataques a la población civil, y prefieren el argumento fácil de que toda mención a tales hechos son producto de la propaganda imperialista, que necesita una excusa para atacar. De esta forma se evitan la picazón moral por elegir el lado del dictador.
Por el otro, están quienes defienden la tesis de atacar al régimen y derrocarlo como método para proteger a la población civil atacada por el gobierno, olvidando por ejemplo el fracaso y sobre todo, el enorme y horrendo crimen que se cometió en Irak. Seamos honestos, muchos de los que están ansiosos de derrocar al régimen no están interesados en la población civil. Ésta es sólo una más de las excusas para atacar. Vimos en Irak cómo la población civil fue "liberada" a bombazos que dejaron miles de muertos, hogares, comercios, infrastructura y propiedades destruidas, mayormente civiles. Y ya estamos empezando a ver lo mismo en Libia. El resultado en Irak fue todo lo contrario a una pacificación. Al contrario, Irak se ha convertido en uno de los países más inseguros del mundo luego de la invasión. Recordemos que una de las excusas --la única con sustento real de todas las propagandeadas, pero no quita que haya sido una excusa-- fue la protección de los kurdos del norte.
Esta tesis también olvida la importante porción de la población que está a favor del régimen atacado, y pretende imponer la libertad por medio del uso de la fuerza, lo cual es un contrasentido obvio.
El dilema sin embargo, es falso, pues ambas posturas están planteadas bajo el principio de integridad del estado como valor fundamental, por encima de todo, incluso la vida, la libertad y la propiedad de la población civil. Y ambas posturas, al sostenerse en este principio común, no resuelven el problema de fondo: el conflicto entre dos o más perspectivas, entre dos o más visiones, entre dos o más facciones. Ambas facciones son forzadas a convivir, en el nombre de un estado. Desde este punto de vista, una parte de la población civil debe someterse o sufrir los deseos de la otra, incluso con el sacrificio de vidas humanas.
Si en cambio, dejamos a un lado el principio de la integridad del estado, la solución es muy sencilla: dividir el estado en cuestión en dos o más estados que representen mejor las esperanzas y visiones de quienes queden a cada lado, de tal manera que el grado de conflicto sea menor al actual.
Creo que es fundamental que la doctrina de intervención internacional se enfoque en el principio separatista, y no en el actual, de la integridad del estado. La comunidad internacional entonces puede asumir en lo militar un papel exclusivamente defensivo. Es decir, defendiendo los nuevos estados del posible ataque del estado del cual se separaron, sin necesidad de derrocar su gobierno. Y en lo político, reconociendo rápidamente a los nuevos estados y ayudando a su vez a la formación de los nuevos gobiernos.
Una doctrina separatista se enfrentará, por supuesto, al boicot y resistencia de muchos de los propios estados de la comunidad internacional, que en el reconocimiento de la verdadera determinación de los pueblos que significa el separatismo, podría estar legitimando movimientos separatistas en su propio seno.
Pero al obrar así, hay que ponerlos en evidencia: lo contrario al separatismo, como vimos, es la violencia contra una parte de la población, tanto desde una de las tesis como de la otra.
Artículos relacionados
La sociedad libre
Thursday, March 03, 2011
La rebaja de impuestos y la distribución de la riqueza
Por
Wolvh Lórien
La ignorancia no es pecado. Nadie puede saberlo todo. El problema es cuando nuestro destino está en manos de ignorantes y, peor aún, quienes gobiernan son tan arrogantes que no ven su propia ignorancia y al contrario, manifiestan alegremente unos cuántos disparates con aires de autoridad sobre el tema. Se creen que los principios de la economía provienen de una votación mayoritaria o una discusión del tema en una asamblea de militantes políticos.
La rebaja del IVA no sirve para nada --nos dicen frente a las cámaras de televisión--, porque nada garantiza que los empresarios vayan a rebajar los precios al consumidor. Además castiga al más pobre.
Si bien es cierto que estas palabras han salido desde ciertos sectores políticos, no he oído a nadie, ni del ministerio de economía, y ni siquiera de la oposición, que haya salido a rebatir este desopilante argumento. Parece que hay ciertas cosas que no se deben cuestionar, porque argumentar contra lo políticamente correcto supone un costo político.
Pues bien, semejante afirmación demuestra el total desconocimiento de los principios más elementales de la economía que caracteriza a algunos de los que tenemos que soportar en el gobierno con cara de malos y autoritarios, como si además tuvieran el santo derecho a someternos. Pues no tiene ninguna relevancia si los empresarios bajan o no los precios. Si no lo hacen, por supuesto, obtienen más ganancias(que endiablados estos empresarios obteniendo más ganancias). Pero el superficial conocimiento de muchos no permite que su "análisis" pase de este punto, si se puede llamar análisis a eso.
En una economía de mercado, donde el gobierno más o menos permite la libre competencia y no provee demasiados privilegios monopólicos u oligopólicos en las áreas económicas en cuestión, los empresarios no tienen otra salida que competir. Y tener que competir significa, que con la rebaja del IVA o cualquier otro impuesto, y el mayor margen de ganancias:
1. Algunos empresarios optarán por bajar sus precios (distribuyen las ganancias a los consumidores)
2. Otros, optarán por contratar más empleados (distribuyendo las ganancias a nuevos trabajadores, o generando un movimiento laboral que también culmina en el mismo efecto) para mejorar sus servicios y su productividad (incrementando la oferta y, por tanto tendrán que bajar sus precios al consumidor para colocarla, distribuyendo ganancias una vez más a los consumidores)
3. Otros, optarán simplemente por invertir en más productividad sin contratar a nadie (incrementando de todas formas la oferta y presionando los precios a la baja)
4. Las mayores ganancias atraen nuevos inversores y empresarios (muchos incluso ex-empleados) que formarán nuevas empresas que contratarán empleados e incrementarán la oferta, con exactamente los mismos efectos distributivos.
5. Aún los empresarios que al principio no quieran hacer nada de esto (aunque ya es un escenario irreal), se verán forzados tarde o temprano a hacerlo, dado que aunque no se produzca ninguno de los fenómenos del 1 al 3 con los actuales proveedores, el fenómeno 4 SIEMPRE se produce, al menos en un mercado no lo suficientemente intervenido por el estado y que no limita seriamente la competencia, y en una sociedad donde exista un mínimo de iniciativa privada para explotar los espacios de rentabilidad.
De hecho, reducir impuestos ES permitir mayor competencia, y además, es permitir mayor competitividad. Al reducirse impuestos se están creando nuevos espacios de rentabilidad que son explotados por nuevos empresarios o por empresarios ya establecidos ansiosos por hacerlo, y al hacerlo, incrementan la oferta, haciendo bajar los precios. Poco importa si el precio baja de tal forma que para un empresario ya establecido en el ramo no signifique una ganancia neta expandirse (cosa que de todas formas no tiene por qué suceder, pues si el emprendimiento existente es eficiente, la baja de precios se compensa con los menores costos de producción). Porque para cualquiera que ingrese a competir la rentabilidad es muy aprovechable.
Y vemos además cómo, al contrario de cómo lo muestran quienes nos dicen que es un horripilante pecado, la búsqueda del lucro de los emprendedores en un régimen de libre mercado no sólo es absolutamente compatible con el mejoramiento de la oferta y la calidad de vida de los consumidores, sino que de hecho conduce a él.
Todo esto es lo que no son capaces de ver los que sólo sirven para aparecer en cámaras y micrófonos a hacerse los santos defensores de los que tienen menos. El mercado SIEMPRE distribuye mucho mejor que el estado. Porque el estado distribuye sólo con el propósito discursivo de igualar ingresos, pero con el propósito oculto de crear clientes políticos, que es de hecho lo único que logra, además de igualar hacia abajo (y generando la necesidad de alimentar a más clientes políticos). El mercado, en cambio, cuando se lo deja, distribuye como fenómeno inseparable del aumento productivo, del aumento del empleo, del abaratamiento general de costos, y no creando seres dependientes de la dádiva estatal, sino al contrario, creando nuevas oportunidades de independencia económica a todos los sectores de la población, muchos de los cuales hoy en día no tienen esas oportunidades, no porque el mercado sea malvado, sino justamente porque el estado mediante impuestos por ejemplo, limita esa capacidad natural que tiene el mercado de distribuir al mismo tiempo que genera riqueza e independencia económica.
Entiéndalo bien: estado = más pobreza y más dependencia. mercado = más riqueza y más independencia. Y usted debe ser consciente de que si elije la doctrina igualitarista, es decir, distribuir mediante expropiación y el uso de la fuerza, está eligiendo lo primero. El mercado no será tan eficiente para igualar (aunque de todas formas lo hace a través de los mecanismos apuntados arriba) pero lo que da a cambio es mucho mejor y más importante que la igualación engañosa que prometen los políticos si los llevamos al gobierno. A menos que alguien me diga que es mejor la pobreza y la dádiva del gobierno de turno. ¿Verdad que no?
Artículos relacionados
La nueva religión de la política
Subscribe to:
Posts (Atom)


