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Thursday, April 21, 2011

Se abren grietas en el discurso de la izquierda


"No siempre las mayorías tienen la razón" (Tabaré Vázquez)

Houston, we have a problem... Cuando escribí este artículo en el 2009,
Por qué no votar la anulación de la ley de caducidad
, expuse el argumento de que si seguía en pie dicha ley, se iba a forzar una discusión sobre la legitimidad de las mayorías. Además, mencioné que de todas formas no era necesario desde el punto de vista jurídico, porque la suprema corte de justicia, el único organismo republicano con la facultad de determinar la inconstitucionalidad de una ley, ya había declarado la inconstitucionalidad para un caso en que la parte acusadora presentó tal recurso, y se preparaban nuevos casos, los cuales se vieron confirmados más adelante (ver Ley de Caducidad y doble discurso)

Finalmente, el escenario se dio mucho mejor de lo que esperaba. Porque no sólo se abrió la discusión sobre la legitimidad de las mayorías, discusión fundamental en una sociedad, sino que la propia izquierda cometió tal vez la mayor burrada, estratégica y jurídica, de su historia, abriendo además una enorme brecha en su discurso, y dejándola en evidencia.

No es como todos los casos anteriores, en donde la izquierda hizo y hace tantas cosas que antes criticaba en la derecha, ya que en este caso lograron meter en la cabeza de sus seguidores la excusa de que lo hacen porque no tienen otra alternativa que transigir en muchas cosas, pero que el futuro sigue y seguirá siendo el socialismo.

No, en este caso, la afirmación fue directa y el efecto boomerang imposible de evitar: las mayorías no siempre tienen la razón. Es curioso cómo funciona el pensamiento partidista --dogmático, fanático--. Antes de que Tabaré Vázquez pronunciara esas palabras, el voto "del pueblo" era indiscutible, y a ningún frentista se le pasaba por la cabeza dudar siquiera de la legitimidad de las mayorías. Y quienes se negaran a respetarla o la cuestionaran eran dictadores. Yo mismo fui víctima de estas acusaciones en diversas ocasiones en que me atreví a cuestionar a la dictadura de las mayorías. Pero bastó que Vázquez pronunciase estas palabras para que los frentistas se creyeran descubridores de una gran verdad que antes nunca nadie había pensado, y ahora saltaran todos a repetirla. Sin embargo esta idea es tan vieja como la filosofía griega, y la tiranía de las mayorías es algo de lo que los liberales siempre hemos estado preocupados, como de cualquier otra forma de tiranía, desde hace por lo menos tres siglos. Pero en boca de alguien de izquierda parece un descubrimiento novedoso, hecho por la izquierda.

Es que digamos las cosas como son. El discurso de izquierda, dominante, aunque lo nieguen, goza de un aura de incuestionabilidad e impunidad. Alguien de izquierda puede decir lo que se le antoja, y la razón y la bondad y la nobleza están de su lado siempre. Es más, alguien de izquierda puede hacer lo que se le antoja. Lo hace por el bien del pueblo, aunque sea la dictadura cubana o la venezolana. Cualquier acusación es una mentira malintencionada de los medios, de la derecha, y del imperio. Y si alguien de izquierda cometió un acto de corrupción, fue una simple desprolijidad, o fue alguien infiltrado de la derecha, o un traidor. Y en general, que es lo que sucede con todo pensamiento partidista, como aceptan todo lo que venga de sus líderes sin cuestionamiento, basta que a uno de ellos se le prenda la lamparita para que acepten algo que antes no aceptaban (no tenga duda, muchos los aceptan con la lamparita apagada). Y en este caso, Vázquez tuvo la mala fortuna de prendérsele la lamparita de una manera que todo el edificio doctrinario de la izquierda queda en entredicho (lo explicó muy bien Eleuterio Fernández Huidobro en su discurso en el parlamento, antes de votar por la anulación de la ley de caducidad por disciplina partidaria. Fue uno de los pocos en el frente amplio que se dió cuenta de las implicancias ideológicas de lo que hizo la izquierda).

Aclaremos algo antes de proseguir. Hay dos formas de estar en contra del gobierno de las mayorías. Una, defendiendo el gobierno bajo el arbitrio de unos pocos, que es la convicción antidemocrática a la que nos vamos a referir a lo largo de todo este artículo. La otra, que es la que defiendo en este blog, directamente limitando el poder del gobierno, sea quien sea el que lo ejerza. En los estrechos horizontes del pensamiento dominante, sólo hay lugar para lo primero. De ahí que cada vez que cuestionemos la legitimidad de las mayorías se nos asocie a ese caso.

Pero como dije, se abrió una brecha en el dogma de izquierda. Y lo curioso es que fue producto, como ya mencioné, de una enorme burrada, o mejor dicho, de una serie de burradas a primera vista incomprensibles. Porque si el objetivo era realmente defender la constitución y los derechos humanos, la suprema corte de justicia, único organismo del estado con la facultad de declarar la inconstitucionalidad de una ley, ya caminaba en esa dirección, como expliqué en los artículos referidos. Con lo cual la izquierda agrietó su dogma de manera innecesaria. La izquierda, como siempre, se cree (o pretende hacer creer) que la salvación del mundo está en sus manos, cuando para algo existen las instituciones republicanas, y en particular el poder judicial: una razón es para defender a los individuos de los abusos del gobierno, aunque sea un gobierno de mayorías.

Por otro lado, nadie discute que la ley de caducidad sea anticonstitucional. No sirve de nada que intenten explicar que la ley de caducidad es anticonstitucional. Es llover sobre mojado. Me han mandado tontos panfletos y explicaciones sobre ese carácter violatorio de la ley de caducidad, como si me quisieran convencer de algo novedoso que la izquierda, descubridor e inventor de todo lo bueno, acaba de descubrir. Lo que no entienden es que la anticonstitucionalidad no se discute, y no es el punto.

El punto es que no sólo no era necesario, porque ya había un poder del estado sobre el problema, sino que además, el parlamento no se puede atribuir el derecho de declarar nula una ley por violar la constitución. Entonces aquí viene la segunda burrada de la serie: que para arreglar una inconstitucionalidad que ya estaba arreglándose en la suprema corte, como debe ser, cometieron nada menos que cuatro violaciones a la constitución.

Una, es que el parlamento se atribuya una facultad que constitucionalmente no posee, violentando así la independencia de poderes (ver artículo 256 de la constitución, y especialmente el artículo 257).

Otra, desconociendo, y peor aún interpretando, también contra el espíritu de la constitución, y reconocido por la propia izquierda desde siempre, el resultado de un plebiscito. Ni la dictadura se atrevió, en 1980, a desconocer un plebiscito de resultado adverso. Ironías de la realidad.

La tercera violación se cometió porque uno de los legisladores de la bancada del frente amplio, Lopez Goldaracena, votó en una cuestión que no podía haber votado, dado que tiene interés directo en el asunto (artículo 97 del reglamento interno de la cámara de senadores, reglamento mandatado constitucionalmente).

La cuarta violación, es haber avalado la tercera violación con una nueva votación parlamentaria, totalmente en contra de los procedimientos constitucionales previstos para cualquier modificación del reglamento interno. Recordemos que sin ese voto, el proyecto de anulación no era aprobado en el senado.

Si la derecha, que no goza de impunidad de acción, hubiera hecho algo semejante, la izquierda la habría acusado de golpe de estado. Y de nada vale decir, como se ha repetido mil veces (como si esto lo hiciera válido) que la ley de caducidad es anticonstitucional. Ya se ha dicho que ni el parlamento puede hacer tal cosa, porque para eso existe la suprema corte, ni era necesario, porque la suprema corte ya está actuando.

Pero como dijimos antes, la izquierda goza de impunidad ideológica. Por suerte, tenemos una suprema corte de justicia. Y aquí viene la tercera gran burrada de la serie: que si alguien se ampara en la nueva ley (en caso, por supuesto, de ser también aprobada en la cámara de diputados, como se espera), intentando de esta manera sortear la ley de caducidad de forma directa, en lugar de presentando un recurso de anticonstitucionalidad, la parte acusada puede a su vez presentar un recurso de anticonstitucionalidad de esta nueva ley. De manera que, la nueva ley no sólo era innecesaria, sino que no sirve para nada, porque quien se ampare en ella va a perjudicar sus propios intereses, al forzar una duplicación de los tiempos procesales y costos de representación legal.

¿Queda alguna duda de la gran estupidez que cometió el frente amplio? Una gran burrada estratégica, porque el edificio ideológico de izquierda, de base populista y demagógica, se fundamentó siempre en la absoluta incuestionabilidad de las mayorías, idea de la que han abusado incluso para defender dictaduras avaladas por las mayorías.

Y una gran burrada jurídica, en principio incomprensible porque, no tengamos dudas, el frente amplio tiene miembros que conocen muy bien las leyes y la constitución, y todos estos hechos no se les pudieron haber pasado por alto.

Digo en principio incomprensible, porque hay un conjunto de explicaciones para todo esto. Lo que me lleva a exponer uno de los grandes problemas del frente amplio que muchos observamos ya desde hace tiempo, otros empiezan a observar recién ahora, y la mayoría de los seguidores del frente amplio aún es incapaz de ver.

El frente amplio contiene elementos, lamentablemente mayoritarios en su plenario, de profundo arraigo antidemocrático. Y antidemocrático en el sentido de que para ellos, quienes deben gobernar son una minoría que se cree iluminada. Lo vemos cuando defienden la dictadura cubana o venezolana. Y que ahora no me vengan a decir que a Chávez lo votó la mayoría. Yo le respondo: la mayoría no siempre tiene la razón. ¿Qué me responden ahora? Además, cualquiera con un mínimo de capacidad crítica puede ver que Chávez tiene un poder absoluto en Venezuela. Lo dicho: es un gobierno de unos pocos, donde las decisiones las toman unos pocos, votado por una mayoría que tiene una fé ciega en ese gobierno que es una oligarquía burocrática. No es siquiera un gobierno de mayorías: el único papel que cumplió la mayoría fue haber elegido al dictador. En Cuba es peor, donde sólo pueden votar los que han demostrado ser fieles a la doctrina comunista. Y sin embargo, ese sector mayoritario del frente amplio defiende ambos regímenes a muerte.

Si no está aún convencido del desprecio que estos sectores sienten por la democracia, recuerde que esa mayoría, por más que se vista de antidictadura, proviene de grupos que antes pretendieron imponer sus propias dictaduras. Y no hablo de los arrepentidos, de los que admiten que se equivocaron, que cometieron un error, que no lo volverían a hacer, etc. etc. Hablo de los que siguen soñando en una revolución a la cubana, asesinando personas si es necesario. La única razón por la cual estos sectores no fueron represores, asesinos y torturadores fue simplemente, porque no lo lograron. No porque fueran demócratas. Intentaron imponerse por medio de la violencia, y hubieron muchas víctimas. Y eso nadie lo puede negar. Y si no hubieron más víctimas, fue porque fracasaron.

¿Queda alguna duda del arraigo antidemocrático de esos sectores? Lo cierto es que el discurso pro democracia no ha sido más que para tapar su pasado antidemocrático (la memoria colectiva debe recordar la dictadura militar, pero no los intentos de dictaduras comunistas), y como instrumento de demagogia y populismo: aceptamos todo lo que el pueblo dice. Claro, primero convenzamos al pueblo de qué deben querer, para que coincidan con nuestras ideas. Y así fue como la izquierda se fue convirtiendo en pensamiento dominante. Pero esta vez les falló, y quedaron en evidencia.

Y bueno, no sólo son sectores profundamente antidemocráticos que se creen iluminados y con la autoridad de decidir el destino de todos. Peor es que esos sectores mayoritarios en el frente consisten en una gran masa de ignorantes, la gilada militante, que sigue ciegamente liderazgos mesiánicos que desprecian todo lo que no piense como ellos, incluyendo a las mayorías (una de las mayores lacras fascistas prodictaduras en este sentido es Eduardo Lorier, comparable a los mayores defensores de la dictadura militar que en un tiempo pulularon los sectores extremos del partido colorado)

Y lo peor de todo, y este es el gran drama del frente amplio, es que son quienes deciden en su plenario, y que se imponen al resto por disciplina partidaria (otro elemento antidemocrático). De esta forma, la estructura interna del frente amplio es la de una gran masa de militancia ignorante, la que cree y sostiene la mística y el dogma de izquierda, más un grupúsculo mesiánico y antidemocrático que la dirige, más otro pequeño grupo de gente con inteligencia técnica (esa que se da cuenta de la gran burrada que cometieron), que sólo sostienen ese dogma de la boca para afuera, pero en sus adentros saben que es basura, pero la necesitan para sostenerse en el poder.

Esta es la única explicación posible de que gente con capacidad técnica haya votado lo que votó. Y no es casualidad que el único que votó con su conciencia, y no por disciplina, haya sido alguien que provino de otro partido y que no está comprometido con la militancia, sino con su conciencia.

La situación se pone peor si consideramos que quienes votan en el plenario ni siquiera representan proporcionalmente a quienes votaron al frente amplio en las elecciones. Con todos estos elementos expuestos, ¿queda alguna duda de que el frente amplio es cualquier cosa menos un partido que encarne la defensa de los principios democráticos?

Si nos venimos salvando, es porque el frente amplio en el gobierno se ha alejado inteligentemente de las bases, aunque manteniéndolas firmes detrás de ellos prometiéndoles el paraíso en el futuro. En eso me recuerdan a la izquierda chilena: luego de 20 años en el poder, las bases del partido socialista criticaron duramente a sus dirigentes que perdieron el gobierno, porque, palabras textuales, entregando el gobierno a la derecha, se ha perdido la posibilidad histórica de lograr grandes cambios hacia el socialismo. ¿Pero cómo? Sus dirigentes estuvieron 20 años en el poder, sosteniendo uno de los modelos más liberales y capitalistas del mundo, ¿y todavía creen en su promesa de un futuro socialista?

Si eso no es la ignorancia del que tiene una fé ciega en algo que no existe, díganme qué es.

Está claro entonces que, por si hubiéramos dicho poca cosa, la izquierda es esquizofrénica, y existe un claro forcejeo entre ambas tendencias. Hoy en día, personajes como Mujica tienen el fundamental rol de contener a la gilada militante, prometiéndoles el paraíso mientras intenta hacer lo que hacen los gobiernos a los que les va mejor. Pero ésta es una situacion riesgosa e inestable que no se puede saber en qué va a terminar.

Epílogo

Si alguien se pregunta por qué me ocupo de criticar tanto a la izquierda y hablo mucho menos de la derecha, la razón es sencilla: el pensamiento de derecha es marginal, ya la izquierda se encargó de neutralizarla, hoy la derecha no sólo no tiene la valentía de cuestionar gran parte del discurso de izquierda, sino que hasta lo utiliza demagógicamente. Es decir, hoy en día el discurso dominante es el discurso de izquierda. Es un discurso, como expliqué, que tiene el privilegio de una enorme impunidad ideológica. Por eso criticar a la derecha es llover sobre mojado. Es perder el tiempo. Hoy en día, el pensamiento estatista dominante es de izquierda.

Además, si hay algo que yo desprecio profundamente, es el pensamiento totalitario, impune, y la complicidad con cualquier forma de dictadura.

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12 comments:

  1. La pretendida ética frente amplista no es más que, como dijo Mao, un tigre de papel.

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  2. Totalmente de acuerdo. Desde un punto de vista de realpolitik es un error estrategico porque en resumen, el FA argumenta en contra del poder de las mayorias, la cual es la base de su autoridad.
    Sobre la dictadura de las mayorias es insolito lo ignorante que es la gente –de izquierda y derecha. He escuchado gente que vota a blancos o colorados decir que no estan de acuerdo con el gobierno pero como ellos son ‘democratas’ entonces se someten mansamente a las decisioens del gobierno sin chistar. Es esa idea de mansedumbre y aceptacion que creo que hay que combatir, y por eso el debate que la ley de caducidad ha despertado es positivo. La gente tiene que entender que uruguay, al menos en teoria, es una republica y que esto le garantiza determinados derechos que ni el gobierno ni nadie esta en posicion de violar. Para ello es necesario que la gente le pierda el respeto a las ‘mayorias’ entre otras cosas.
    Una duda que me queda es el rol de la suprema corte en todo esto. En verdad se habia empezado un proceso en que existieran chances reales de anular la ley de caducidad? La verdad no estoy al tanto, pero me quedan serias dudas de que la suprema corte se atreva a anularla sin consentimiento politico. Lamentablemente, uruguay es cada vez menos una republica – si alguna vez lo fue.

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  3. Nicolás, no es que la corte suprema pueda anular una ley. La corte suprema ni promulga ni anula leyes. No es su función.

    Lo que la corte suprema puede hacer, y de hecho está haciendo, es dar lugar al recurso de inconstitucionalidad presentado por una de las partes en un litigio determinado.

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  4. Cierto, pero un juez de la corte suprema no deberia poder abrir un juicio por iniciativa propia sin necesidad de que una de las partes inicie litigio? estamos hablando de delitos penales. Pregunto porque no la tengo demasiado clara con los procedimientos. Lo de los 20 casos no tenia ni idea.

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  5. Excelente lobo. Voy a ver si me pongo a tiro y arranco a escribir tambien, de a poco vamos abriendo cabezas. Voy a difundir el post a mis allegados.

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  6. Nicolás, una correción antes: los jueces no abren juicios. Quienes abren juicios son los fiscales.

    Por otro lado, los casos de desaparecidos en la dictadura no necesitan fiscales que actúen de oficio. Los propios familiares tienen iniciativa y estímulo más que suficiente.

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  7. Lobo Gris,
    Hace no mucho encontré tu blog. Me gusta tu punto de vista, aunque no siempre estoy de acuerdo con todos tus juicios. Algunas partes de tu sesgo anti-izquierda me ponen incómoda, pero eso será porque a México (nivel federal) lo gobierno la derecha.

    Escribo, en realidad, para hacerte una invitación. Edito y participo en una revista electrónica de reflexión latinoamericana, Distintas Latitudes. Tratamos de construir un debate continental sobre problemas y actualidades de América Latina. Hace rato que tenemos una carencia importante: no hay una voz de Uruguay. A nombre del consejo editorial, me gustaría que, si te interesa, si te llama la atención, participaras con nosotros en el próximo número. No pude encontrar tu dirección de correo en el blog. Si puedes, envíame un correo a mi dirección de Google.

    Ha sido un placer pasar por aquí.
    Saludos,
    Natalia RH
    www.distintaslatitudes.net

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  8. Vean al http://www.Libertarian-International.org

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  9. "Los propios familiares tienen iniciativa y estímulo más que suficiente". O no. Depende. algunos tal vez no tengan familiares y a otros capaz que tienen una flia que no se interesa por ellos. EN todo caso se tratan de casos penales, y lo logico no es tener que esperar la iniciativa de los familiares, los fiscales deberian ser quienes inician las acciones penales.

    Con la logica que describis, viene uno te mata a vos y toda tu familia y el crimen queda impune porque nadie se molestaria en comenzar acciones judiciales.

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  10. Nicolás, no describo una lógica, sino los hechos. Los fiscales actúan de oficio sólo cuando no hay nadie más que inicie los juicios. Y no es el caso en cuestión.

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  11. Ok, si tenes informacion de que todos los casos de los desaparecidos estan siendo llevados a la justicia por familiares, entonces me quedo tranquilo

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