Saturday, February 27, 2010

Mutualismo, socialismo y el problema del cálculo económico


Nota: este artículo está en revisión en base al debate sobre el tema mantenido en este artículo en mutualismo.org

Se ha discutido mucho sobre el problema del cálculo económico. Con demasiadas vueltas innecesarias. Si bien el problema quedó definitivamente zanjado con la exposición de Mises en Human Action, hace ya más de 60 años, he visto que muchos cuestionan esta tesis sin haberla estudiado, sin apuntar al centro de la cuestión, la mayor parte de las veces siquiera leído, o apenas leído una crítica que no expone correctamente la tesis. Tal vez la crítica más de moda consiste en la comparación que se hace de las grandes multinacionales con los estados socialistas. Existen curiosamente dos vertientes ideológicas contrapuestas en este sentido, si bien ambas rechazan el capitalismo, y dada la motivación ideológica en cada caso, sacan dos conclusiones opuestas (lo que empieza a mostrar que algo no anda bien en las críticas).

En wikipedia encontramos la siguiente exposición de este problema: Debate sobre el cálculo económico en el socialismo, si bien aclara muy poco desde el punto de vista teórico ya que apunta a la historia del debate, es también algo impreciso. Pero la última sección nos va a servir como puntapié inicial del tratamiento teórico que haremos en este artículo. Allí se lee:

En la actualidad el debate ha revivido debido, por un lado, al auge de las empresas multinacionales. La expansión y éxito de esas empresas levanta inevitablemente la cuestión de como explicamos ese éxito y dominación del mercado en el caso de que los argumentos de von Mises y von Hayek sean correctos: "¿cómo es que la empresa multinacional no adolece de los mismos defectos? Después de todo, ¿no es el sistema del Estado Socialista simplemente una empresa grande? ¿Y no es el caso que esas grandes empresas son islas de socialismo en el mar del mercado? Si es así, ¿cómo procede el cálculo dentro de esas empresas?

Por el momento vamos a adelantar tan sólo la respuesta a dos de esas preguntas. ¿no es el sistema del Estado Socialista simplemente una empresa grande? La respuesta es no, no lo es. ¿Y no es el caso que esas grandes empresas son islas de socialismo en el mar del mercado? No, no lo son, en absoluto.

Precisamente la presunción de que ambas respuestas son afirmativas denota que por una u otra razón no se comprendió el meollo del asunto. Con lo cual si la discusión está de moda no es porque se haya descubierto un agujero que no haya sido contemplado en la teoría austríaca, sino porque no ha sido tratado con el rigor necesario. Y es lo que lleva a los socialistas a entender que si las grandes multinacionales son posibles y exitosas, como demuestra la experiencia (y en contra de lo que supuestamente dice la teoría austríaca del cálculo económico), entonces los estados socialistas también lo deben ser. Por el contrario, la otra corriente ideológica que utiliza esta comparación, el mutualismo, uno de cuyos principales teóricos es Kevin Carson, es defensora del libre mercado y acepta gran parte de la teoría austríaca, y en particular la teoría del cálculo económico. Pero sin embargo, está ideológicamente en contra de la existencia de las grandes empresas. Y afirma que, si existen y se sostienen, no es debido al libre mercado sino a la intervención del estado, que de alguna manera los protege de la competencia de las empresas más pequeñas, que en condiciones de libre mercado son mucho más eficientes que las grandes. Para el mutualismo entonces, en lugar de sostener que tanto en las grandes empresas como en un estado socialista el cálculo económico es posible, al contrario, sostienen que en ninguno de los dos casos es posible. Pero tanto una corriente como la otra se basan en la presunción que empresa grande y estado son esencialmente lo mismo, y que por tanto, el problema del cálculo económico debe afectar a ambos casos por igual.

La posibilidad del cálculo económico está totalmente ligada con la libre oferta y demanda de bienes, capitales y mano de obra. Es un resultado lógico, inseparable, de esta condición. Y al contrario, es una contradicción lógica hablar de cálculo económico cuando no existe tal condición.

Los argumentos sobre la imposibilidad del cálculo económico en una empresa consideran que el problema en cierta forma tiene que ver con un tema de tamaño: cuanto más grande es una empresa, más parecido a un estado, puesto que las relaciones dentro de una empresa grande no son de oferta y demanda. No hay libre competencia de los trabajadores dentro de una empresa. No hay múltiples trabajadores de la empresa compitiendo por ofrecer la mayor calidad posible de un insumo o producto intermedio, al costo más bajo posible. No hay múltiples trabajadores o departamentos dentro de la empresa comprando y vendiendo bienes entre sí. Sino que la propia empresa se provee a sí misma de buena parte de los productos y servicios intermedios para llegar a los productos y servicios finales. En pocas palabras, no existe un mercado dentro de la empresa. En cambio, las empresas pequeñas están más especializadas. Dependen mucho más de proveedores externos para todos los bienes y servicios que necesitan para alcanzar su producto final. Todos los productos intermedios son productos finales de otras empresas que tienen que competir en el mercado.

Por eso, de acuerdo a los socialistas, algo está mal en la teoría austríaca (aunque no saben qué), ya que si tanto una empresa grande como un estado socialista son esencialmente lo mismo, y las primeras funcionan bien, entonces un estado socialista debería poder funcionar bien. Y debería poder haber cálculo económico sin mercado.

Y por eso, de acuerdo a los mutualistas, que sí aceptan la teoría austríaca del cálculo económico, las grandes empresas en realidad tienden a ser tan ineficientes como los estados socialistas, porque son esencialmente lo mismo, las empresas pequeñas son mucho más eficientes, y si las grandes empresas existen es porque el estado de alguna manera las protege frente a la competencia de las pequeñas, haciéndolas rentables cuando en condiciones de libre mercado no lo serían.

Sin embargo el razonamiento anterior es falso. Porque el problema del cálculo económico no es un problema de la función de gestión, sino de la función empresarial. No se trata de cómo se maneje una empresa, sino de la función de los distintos actores involucrados (incluyendo los trabajadores) como empresarios, es decir, como agentes que buscan un beneficio económico descubriendo una discrepancia entre precios, entre lo que ofrecen y lo que demandan para lograr esa oferta.

Consideremos primero el caso extremo en el que no existe ninguna forma de coerción (libre mercado, propiamente dicho), centrándonos en la oferta y demanda de trabajadores. En estas condiciones los trabajadores pueden ser libremente despedidos por la empresa o los trabajadores pueden libremente abandonar la empresa (a excepción de los cumplimientos de contratos, lo cual es válido también para empresas pequeñas, o para relaciones entre una empresa proveedora y otra cliente). La empresa además puede contratar libremente nuevos trabajadores.

El problema tiene cuatro puntas equivalentes. El trabajador ofrece su esfuerzo y sus capacidad, y demanda capital. La empresa a su vez demanda lo que el trabajador ofrece y ofrece lo que el trabajador demanda. Estas condiciones multiplicadas por la diversidad de trabajadores y empresas en un mercado donde las empresas compiten entre sí en demanda de trabajadores y los trabajadores compiten entre sí en demanda de capital forma los distintos precios.

La empresa, o los directivos de la empresa, obtienen beneficios económicos al descubrir una discrepancia entre los costos de contratar a los diversos empleados con las diversas capacidades (más los costos en insumos, crédito, etc), y los beneficios del producto final. Los trabajadores a su vez descubren una discrepancia entre los costos (estudios, tiempo, esfuerzo, etc) y las ganancias (salario) de un empleo particular y de ahí obtienen el beneficio.

Y todas esas acciones están enmarcadas en una multiplicidad de opciones en un mercado con muchos trabajadores y muchas empresas ¿Acaso los trabajadores no están compitiendo con el resto del mercado laboral? ¿Y la empresa no está compitiendo por los trabajadores? ¿Qué impide que la empresa despida a trabajadores que no cumplen con su demanda y sustituirlos por otros nuevos? ¿qué diferencia hay entre esto y que una pequeña empresa deje de comprarle a un proveedor para pasar a comprarle a otro de la competencia? ¿Acaso los diversos departamentos de una empresa no están compitiendo con empresas que podrían ofrecer los mismos o mejores servicios o productos intermedios a un costo inferior al que la empresa actualmente dirige a tales departamentos? ¿Qué impide que la empresa considere más económico cerrar un departamento determinado y sustituirlo por un proveedor externo? O a la inversa ¿qué impide que una empresa considere que pueda reunir un equipo de expertos (tal vez ganados a otras empresas, ofreciéndoles más), para dejar de depender de un proveedor externo particular y en cambio que la empresa se provea a sí mismo, mediante una mejor organización y distribución de los recursos que la de los proveedores, considerando que el beneficio neto va a ser mayor de esta manera? Desde cierto punto de vista podemos hablar de proveerse a sí mismo pero ¿no hay acaso una relación de proveedor/cliente entre el trabajador o los diversos departamentos, y los directivos de la empresa? Que el describirlo como "proveerse a sí mismo" no confunda. Porque no quita el hecho de que una empresa que se provee a sí mismo de algo, en realidad está siendo provisto por un departamento o un grupo de trabajadores hacia los cuales tiene que dirigir recursos, lo cual no se diferencia en lo más mínimo de pagarle a otra empresa. Y más importante aún: ese departamento y sus trabajadores está compitiendo con otras empresas y otros trabajadores del resto del mercado.

¿Con qué argumento entonces un departamento de una empresa es necesariamente más ineficiente que un proveedor externo para determinar las ganancias o pérdidas de una empresa? Es cierto que en el caso del departamento interno la propia empresa es la propietaria de los insumos, bienes y capital necesarios para su funcionamiento. Pero esto no cambia nada. Es más, esos insumos, bienes, y posiblemente el capital, lo consigue en el mercado con el mismo propósito de obtener beneficios: sus costos sumados con el de sus empleados, sumadas a las expectativas de beneficios, no debe ser superior a los retornos económicos por la actividad.

Da lo mismo si el capital pertenece o no al grupo de trabajadores del departamento. En una empresa pequeña el capital tampoco pertenece a los trabajadores. Y el incentivo individual sigue existiendo, puesto que si bien es cierto que no encuentra incentivo en el aumento del capital de la empresa para la cual trabajar, sí lo encuentra en el aumento de su capital como receptor de un salario, que no es más que un pago por un servicio prestado como cualquier otra empresa individual. Y como competidor con otros trabajadores de la misma empresa o de afuera, tanto en el sentido de seguir trabajando en su puesto, --que no se diferencia de la necesidad de mantener a los clientes en caso de un trabajador independiente-- o conseguir un trabajo mejor, en la misma o en otra empresa --lo cual no se diferencia de la necesidad de conseguir mejores clientes en el caso de un trabajador independiente--. Los incentivos de un trabajo de calidad y al menor costo posible para la empresa, pero con el mayor beneficio posible para el trabajador (oferta y demanda), siguen estando, sea el trabajador independiente o no, sea que trabaje para una empresa pequeña o grande.

Existe, por lo tanto, a diferencia del socialismo, libre competencia y libre oferta y demanda en una empresa, por más grande que sea, si ya está dentro de un mercado donde hay libre oferta y demanda. Y por tanto, también existe cálculo económico. El error está en considerar al problema del cálculo económico como un problema de gestión, en lugar de un problema de la función empresarial. Y en sí el problema parte de considerar a una gran empresa como una isla, y es precisamente lo que leemos en el primer párrafo citado del artículo de Wikipedia, cuando en la realidad una gran empresa es una unidad, pero absolutamente inmersa en el mercado y permeable a él, donde las relaciones de oferta y demanda del mercado no le son externas, afectan los precios de los costos y las diversas actividades de la empresa. Los límites de la empresa no son límites impermeables al mercado. Toda la estructura interna de la empresa está sometida a los procesos de mercado aunque no exista una competencia de mercado entre sus diferentes departamentos y empleados.

Los casos reales no son libres al extremo descrito, ya que hay regulaciones laborales que imponen ciertos costos al despido de trabajadores, pero no elimina el proceso descrito. Y en todo caso, al contrario de lo que afirman los mutualistas, dichas regulaciones no protegen a las grandes empresas haciendolas rentables cuando en condiciones de libre mercado no lo serían, sino al contrario, incrementan los costos de las reformas internas, desincentivándolas.

Comparemos todo esto con un estado socialista. Comencemos por uno totalmente aislado. Éste no compite por empleados, ni por recursos, ni capital. Representan una demanda monopólica. Y los empleados no tienen otra opción que trabajar para el estado, no pueden tomar la decisión de aceptar una oferta que les interese más. No existe un mercado laboral ni un mercado para el capital y los recursos materiales que un estado socialista necesita. No existe un mercado para los servicios que dicho estado provee. El principio dominante es la coerción, no la libre oferta y demanda.

En los casos reales, los estados socialistas compiten con otros estados y empresas fuera de su gobierno, por una porción de los recursos que necesitan. Pero sólo por una porción, lo que determina que existan hasta cierto punto un mínimo grado de cálculo económico. Pero lo mismo no sucede con los trabajadores, que no pueden escapar de un régimen socialista. Ni tampoco compiten en cuanto al servicio que proveen, ya que son esos mismos trabajadores los que están obligados mediante el principio de coerción a ser sus "clientes".

La diferencia cualitativa entre empresa, sin importar su tamaño, y estado socialista, es más que clara, y es abismal. La empresa no es un monopolio de demanda y oferta, como sí lo es el estado socialista. La empresa es gobernada por el principio del libre mercado. En el estado socialista gobierna el principio de la coerción.

Los diferentes modelos de gestión de una empresa tan sólo juegan el papel de reducir o incrementar los beneficios de las distintas empresas, de acuerdo al caso. Pero esos beneficios son medibles en el sistema de precios de mercado, porque la existencia del cálculo económico no depende del modelo de gestión, sino que existe desde el momento en que la empresa está sumergido en un mercado donde existe libre oferta y demanda.

Sunday, February 21, 2010

Nubarrones en Venezuela

La situación venezolana se deteriora día a día. No sólo económicamente sino políticamente.

El dólar del mercado negro no baja sino al contrario, sube (la última semana alcanzó 6.50 a la venta), a pesar de todas las medidas del gobierno para bajarlo (venta de bonos y subasta de dólares por parte del Banco Central). Expertos señalan que para hacer mella en el dólar paralelo, el BC debería cuadruplicar la oferta. Sin embargo, esto sólo haría reducir las reservas mucho más rápidamente, para reducir el dólar tan sólo momentáneamente.

Es claro además que el gobierno no entiende o no quiere entender por qué existe un dólar paralelo y por qué es tan alto. El gobierno responsabiliza a los especuladores. Sin embargo, no se puede especular si las condiciones de oferta y demanda no lo permiten. De hecho en los procesos de mercado todo es especulación. El dólar en el mercado negro es tan alto sencillamente porque la demanda de dólares es muy alta en una economía improductiva que depende totalmente de los bienes importados y que no es capaz de generar el volumen de oferta de divisas suficientes para sostenerlo. La economía entera depende de hecho del dólar paralelo puesto que la oferta en el mercado blanco, a precio fijado por el gobierno, es muy escasa. El propio ministro de planificación dice ahora que en realidad la subasta de divisas por parte del BC no tenía el propósito de hacer bajar el dólar, si bien otras voces del gobierno dicen lo contrario, y además en las semanas previas agentes del gobierno y el propio Chávez alardeaban que las medidas tomadas iban a destruir el mercado paralelo.

No entienden el problema, o no lo quieren entender. El despotismo tiene la particular característica de perder contacto con la realidad cuando las cosas empiezan a ir de mal en peor (algo similar ocurre con el gobierno argentino y la inflación). Atacar el dólar paralelo es sólo intentar atacar un síntoma. Se ataca al mensajero, cuando el mensajero sólo es una señal de alarma de un problema estructural de proporciones gigantescas.

En setiembre hay elecciones, y Chávez está perdiendo popularidad ante la escasez de bienes y servicios. Alimentos, electricidad y agua, sobre todo. Y las medidas de control de precios, expropiaciones y control de supermercados sólo logra empeorar el problema [Argentina y Venezuela: Dos modelos que se agotan]. Antes que reconocer el problema como consecuencia de las políticas socialistas, no hace más que responsabilizar al cambio climático, a los especuladores, a la injerencia del imperio, al consumo excesivo (aunque cada vez se puede consumir menos en Venezuela), a los medios opositores y todos los enemigos que inventa para sostener a sus aduladores, que aún hay muchos. La atención de los problemas se desvía con más circo populista, como el sonado caso de las expropiaciones en la Plaza Bolívar de Caracas explotando el resentimiento social (observen a sus aduladores vestidos de rojo, aplaudiendo detrás de él). Un segundo capítulo de este episodio se puede ver en este video, en el cual se muestran los comercios siendo vaciados por orden del gobierno, y sus trabajadores desesperados porque se van a la calle. Tampoco faltaron en esta nota de BBC en español los fanáticos chavistas repitiendo discursos vacíos de contenido real.

La economía se desploma, las renuncias en el gobierno y el partido se suceden, pero hay que cerrar a los medios que lo dicen porque "están fuera de la realidad", porque son pagados por los opositores y por la CIA. Sin mediar ninguna clase de juicio o forma, se cierran porque no cumplen con la "Ley de Responsabilidad Social" (que consiste en no decir nada en contra del gobierno, y al contrario, decir que la revolución va de mil maravillas), y sin que sirva para nada cualquier queja ante la OEA porque la OEA no tiene injerencia en las leyes venezolanas. ¡Qué opinión tan diferente a cuando este organismo condenó la destitución de Zelaya, aliado de Chávez!

Las protestas estudiantiles son reprimidas, con presos, heridos y muertos. En venezuela avanzan los atropellos a los derechos humanos, y no se escucha a nadie en todo el espectro de movimientos y partidos políticos de izquierda a lo largo de toda américa latina, levantar una sola voz. Muy al contrario, los pocos que abren la boca sólo repiten las mismas explicaciones de Chávez: los medios son pagados por el imperio, las protestas estudiantiles también, son estudiantes confundidos, está bien reprimirlos. O bien muchos niegan directamente que estas represiones hayan ocurrido, y en cambio sostienen que son inventos de los medios "multinacionales" (usar ese adjetivo es suficiente para desautorizar cualquier noticia inconveniente). Y esto testimonia una vez más algo que he repetido varias veces en este blog: que a la izquierda no le interesan ni los derechos humanos ni la democracia. Sólo piensan en los derechos humanos de los que piensan a la izquierda, y sólo condenan las dictaduras que no son de izquierda. Su interés por los derechos humanos y por la democracia es puramente circunstancial. Es tan sólo para hacerse con el poder. Una vez en el poder, todo vale, todo se justifica. O bien, muchos políticos de izquierda callan porque si bien en sus conciencias saben que Cuba y Venezuela están mal, y jamás aplicarían sus modelos, su plataforma electoral se sostiene manteniendo un místico discurso cómplice y acrítico. Y este es el caso por ejemplo de buena parte de la izquierda uruguaya. Por algo causaron tanto revuelo las tibias críticas de Mujica al régimen de Castro y a Chávez en Pepe Coloquios y hubo que mandarlo a callar. No imagino qué habría pasado si esas críticas hubieran sido más que tibias. Pero eso es tema tabú en la izquierda. Y el periodismo no pregunta. Es funcional. Diría hasta cómplice. Curiosa forma de defender a sus colegas en Venezuela.

Chávez tendrá serios problemas para ser reelegido en setiembre. Pero el despotismo no acepta fácilmente una derrota, con lo cual no tengo la menor idea de lo que puede pasar si Chávez llega a perder. Por el momento, la táctica es más circo y más medidas para incrementar el poder político del chavismo en todas las áreas de la sociedad. Ahora se impulsa una ley que acaba con la autonomía regional y en cambio queda todo mucho más controlado por el gobierno central socialista, por medio de un consejo federal que pretende "descentralizar" centralizando. Este consejo va a ser ocupado por miembros del "pueblo" (no dudemos de qué extracción ideológica), con lo cual la explicación que se da es que el poder se va a devolver al pueblo. Pero ya sabemos cómo funcionan los "órganos populares" socialistas, pues tenemos un ejemplo en cómo han funcionado durante 50 años en Cuba.

No es casualidad que en el gobierno de Venezuela hayan cada vez más asesores cubanos, al punto que ya muchos denominen Cubazuela a la asociación formada por ambos países. La democracia, algo de lo que Chavez se sirvió para llegar al poder y tergiversarla completamente, ya no le sirve, porque ya se le está volviendo en contra, y ahora el régimen pisa el acelerador en las reformas socialistas y provee de medios a una creciente milicia campesina chavista. (ver también este video). Cada día se hace más clara la influencia de los asesores de la isla. Y se van haciendo claras las intenciones.

Pues todos estos hechos, económicos y políticos, no hacen más que alimentar la posibilidad de un conflicto armado civil en caso de que la revolución bolivariana se vea seriamente amenazada. Y ante esta eventualidad cada vez más probable parece estar preparándose el escenario. Si gana Chávez en las urnas, alternativa que cada día se ve más comprometida, es posible que gane algo de tiempo político, aunque el desplome de la economía no se detendrá. Pero sea porque la economía finalmente colapse y los estratos medios para arriba se rebelen y haya que contenerlos, sea porque Chávez pierda las elecciones, o sea porque, directamente, se produzca un autogolpe de estado para evitar que las urnas se pronuncien, va a correr sangre. Como dijimos, el despotismo no abandona el poder así nomás, y este año se juega su supervivencia con los medios que crea necesarios.

Sunday, February 07, 2010

Análisis actualizado de la deuda pública y el déficit fiscal uruguayos

En noviembre pasado, en ocasión de las elecciones, publiqué un artículo analizando el problema de la deuda pública uruguaya, dado el manejo deshonesto que se le dió desde la campaña oficialista (ver Evolución de la deuda pública uruguaya, del 24 de noviembre del 2009)

Para una explicación detallada de los conceptos manejados aquí, sugiero leer el mencionado artículo. Aquí sólo voy a publicar una actualización de las cifras y sus consecuencias.

En ese momento me manejé con los datos provistos hasta el segundo trimestre del año 2009, ya que el BCU aún no había publicado cifras más recientes. Recordemos esas cifras, más las estimaciones que hice para el final de año.

Deuda bruta a junio 2009 (BCU): 18.288 millones de dólares.
Deuda bruta a noviembre 2009 (mi estimación): 19.000 millones de dólares
Incremento desde el último semestre del 2004: 42%

Deuda bruta del SPNF a junio 2009 (BCU): 15.141 millones de dólares
Deuda bruta del SPNF a noviembre 2009 (mi estimación): 15.700 millones de dólares
Incremento desde el último semestre del 2004: 38%

Deuda neta del SPNF a junio 2009 (BCU): 13.734 millones de dólares.
Deuda neta del SPNF a noviembre 2009 (mi estimación): 14200 millones de dólares
Incremento desde el último semestre del 2004: 39.5%

El BCU ya publica los números para el tercer trimestre del 2009, es decir, hasta setiembre, aún antes de mis estimaciones de noviembre. Y lo curioso es que mis números de noviembre... se quedaron cortos! No sólo eso sino que hubo un pequeño reajuste al alza de los números de junio. ¿Un error en la primer medición? En fin, veamos los números del BCU a setiembre del 2009, y el reajuste a los de junio del 2009:

Deuda bruta a junio del 2009: 18.370 millones de dólares
Deuda bruta a setiembre del 2009: 19.943 millones de dólares (comparar con mi estimación de 19.000 millones para noviembre)

Deuda bruta del SPNF a junio del 2009: 15.221 millones de dólares
Deuda bruta del SPNF a setiembre del 2009: 16.079 millones de dólares (mi estimación para noviembre fue de 15.700 millones)

Deuda neta del SPNF a junio 2009: 13.816 millones de dólares
Deuda neta del SPNF a setiembre del 2009: 14641 millones de dólares (mi estimación para noviembre fue de 14200 millones)

Es decir, estas son las cifras de setiembre, aún no están incluídas las deudas adquiridas en el último trimestre. Con lo cual las cifras que manejé para noviembre se han quedado mucho más cortas aún.

Agreguemos un dato nuevo. Si nos fijamos en los datos que el BCU nos provee acerca del PIB (ver datos trimestrales del PIB), el PIB al año móvil que cierra con el tercer trimestre del 2009 es de 719.012.231 miles de pesos, es decir, unos 35.950 millones de dólares. La deuda bruta pública global es, entonces, a setiembre del 2009, del 55.5% del PIB. De hecho estamos entre los países con mayor proporción de deuda pública, muy cerca del 60% de EEUU por ejemplo.

El peso del estado es el gran debe de Uruguay, y ha aumentado claramente en los últimos 5 años. No sólo la deuda, sino que se ha aumentado también el déficit fiscal en este gobierno desde 1.4% a 2.1% del PIB, y todo con una bonanza que no se gozó en el gobierno anterior que, al contrario, tuvo que conducirse en una enorme crisis. Las tasas altas de interés del BCU es lo que nos ha mantenido firmes frente a la crisis internacional y sus efectos en nuestro país. De esta manera la fuerte devaluación del dólar evitó que las exportaciones uruguayas crecieran al ritmo del boom artificial mundial previo, evitando así el contagio del colapso. Pero si el próximo gobierno no reduce los costos del estado, y al contrario, se mantiene la tendencia creciente, Uruguay va a sufrir su propia crisis de origen doméstico. Y eso bien puede ser durante el período de gobierno que se viene.

Si nos comparamos con modelos que se han tomado como ejemplos aquí, Chile tiene una deuda pública del entorno del 4% de su PIB, y Nueva Zelanda de alrededor de 22%. Comparar los déficit fiscales es un tanto más complicado, ya que a mismo nivel de déficit no es lo mismo tener una deuda pequeña y una gran competitividad económica, y por tanto mucho espacio de endeudamiento para afrontar un déficit, que una deuda grande y poco espacio para ello. El déficit fiscal de Chile al cierre del 2009 fue del 4.5%. Un déficit fiscal de ese nivel en Uruguay sería alarmante. En Nueva Zelanda, el déficit fiscal fue de 3.1% en el año que finaliza a setiembre del 2009 (no encontré datos del período ene-dic 2009).