Sunday, August 29, 2010

La gigantesca burbuja de la deuda soberana

Estoy pensando desde hace un tiempo que la inversión en bonos soberanos es una enorme burbuja que en algún momento tiene que estallar.

Desde hace tiempo se consideran los bonos soberanos como una inversión muy segura, dado que los estados tienen mucha mayor capacidad de pago que las empresas: frente a problemas económicos, basta cobrar más impuestos, devaluar, imprimir billetes, los bancos centrales compran bonos para darle una mano a los gobiernos, etc. Todos poderes y privilegios que no tienen las empresas.

La excesiva confianza en la capacidad de pago de los estados genera una demanda que conduce a su exceso de endeudamiento. Las tasas de interés están además artificialmente bajas, lo cual es un incentivo adicional al endeudamiento. Y los gobiernos confían no sólo en la confianza de los compradores sino también en la capacidad de los mencionados instrumentos de generar recursos de la nada para pagar su deuda. Y con cada dificultad se exprimen estos instrumentos al máximo.

Sin embargo, todo esto tiene un límite. Las operaciones de los bancos centrales, como hemos explicado en innumerables ocasiones, no son más que artificios que inflan la moneda, reducen las tasas nominales de interés, y transfieren así recursos desde los ahorristas hacia el estado y el sistema financiero. Y son la causa principal de las crisis cíclicas. Pero cada crisis tiene su particularidad, la burbuja estalla en el punto más "inflado" del sistema financiero, y con el movimiento de los capitales sobrevivientes en busca de refugio comienza a inflarse una burbuja en otro lado.

Y bien puede esta vez tocarle el turno a la gigantesca deuda soberana mundial. Todas las condiciones están dadas. Los inversores han depositado excesivas expectativas en los bonos soberanos y se han refugiado en ellos, los gobiernos han aprovechado esta afluencia de liquidez para endeudarse más, y los bancos centrales del mundo, cuyos activos se componen, y en forma cruzada, de gran cantidad de bonos soberanos, locales y extranjeros, han inyectado más liquidez artificial.

¿Qué pasaría si por ejemplo EEUU, cuyos treasuries tienen las más altas calificaciones y dominan los activos financieros públicos y privados del mundo, se declarara en default? Con anterioridad ya había hablado del problema de la deuda de EEUU (ver mi Panorama Financiero del 20 de Junio). Gary North en un artículo publicado para el Instituto Mises nos presenta un panorama desolador sobre la capacidad de EEUU de pagarla.

En un post del 7 de mayo, preví la posibilidad de que, a medida que las economías centrales se recuperaran, y sobre todo, cuando la reserva federal comenzara como consecuencia a subir sus tasas de interés, la reducción de la liquidez global y el movimiento de flight-to-quality conduciría a una recesión en la periferia del capital.

Lo cierto es que EEUU dejó de presentar signos de recuperación, e incluso muestra señales de cierto retroceso, mientras su gobierno sigue endeudándose e inventando nuevos y costosísimos programas, especulando con crecimiento futuro. Probablemente Barack Obama pasará a la historia como conductor de la peor gestión en su país. EEUU llega muy tarde al modelo socialdemócrata, cuando ya presenta signos de agotamiento en otros lados, y en el peor momento de la economía estadounidense.

Bajo el escenario que acabo de describir las consecuencias podrían ser aún peores para la periferia, ya que la liquidez global podría colapsar de manera mucho más súbita. Esto debería ser el fin del actual paradigma keynesiano de consumismo y endeudamiento, que nunca funcionó en realidad, pero que siempre vino bien para que los gobiernos exprimieran más recursos de la sociedad, quedando como salvadores de la economía, cuando ésta siempre se recupera por los propios mecanismos del mercado, no gracias, sino a pesar de las intervenciones.

Sunday, August 15, 2010

Austrian Diary 2010 VI

El estado regulador


Quienes defienden la existencia del estado regulador siempre lo hacen bajo las mismas premisas básicas: se necesitan regulaciones estatales para solucionar o evitar todos los problemas e incertidumbres del mundo. La pregunta es ¿lo han logrado? Son personas que no aceptan la existencia de la incertidumbre, y que encima creen que poniendo al mundo en manos de individuos iluminados que imponen reglas iluminadas, todo se va a solucionar mágicamente, en contra de lo que la realidad nos muestra.

Bajo un régimen de libre competencia, protección de la propiedad privada y la vida de los individuos y un sistema jurídico independiente del poder político que funcione en base a los principios elementales del derecho, «(...) la competencia, la necesidad de ofrecer un buen servicio/producto para poder sobrevivir, la responsabilidad de los daños provocados, y el prestigio de una marca, son las principales motivaciones para buscar la excelencia en el servicio, o por lo menos para no defraudar al consumidor.»

Derrumbando las ilusiones estatistas (apuntes sobre el derrumbe en Villa Urquiza)


Ineficiencia de la planificación central


El modelo productivo neocelandés, sustentado en la producción agrícola, tiene un fuerte componente de planificación centralizada, que no le permite ajustarse a los cambios de forma adecuada. Actualmente se está comenzando a cuestionar este modelo dado su empobrecimiento progresivo. Ahora le toca pensar en otro modelo planificado desde el estado o elegir un modelo más liberal. El primer camino es el gran peligro al éxito que ha tenido nueva zelanda en los últimos tiempos. En lugar de permitir que cada productor se adapte de acuerdo a su entender y éste compita con los demás, haciendo que sobrevivan las mejores ideas, se embarca a todo el sistema productivo en la misma dirección, y para colmo todo depende de voluntades políticas.

Ni un modelo productivo centralmente planificado ni uno pensado por un privado, garantizan el éxito o el fracaso. El problema es, cuando el modelo es centralmente planificado, el fracaso hunde a todo el aparato productivo, mientras que en ausencia de planificación central, los privados que hacen mal las cosas sólo afectan su propia empresa, y los que hacen bien las cosas son rápidamente emulados, sin tener que pedir permiso a los políticos. El problema es, el modelo centralmente planificado depende de voluntades políticas, de votos, de presiones de lobbies, y gana el más fuerte o el que esté más cercano al poder. En un sistema no planificado cada empresario tiene la libertad de elegir su propio camino, y sobreviven las ideas eficientes y desaparecen las ineficientes. La vida en la tierra ha sobrevivido en el mundo gracias a la diversidad de formas de vida, no gracias a una planificación central donde todos los seres vivientes han de adoptar las mismas conductas, formas y estrategias de supervivencia.

Uruguay, ¿debe orientarse hacia una planificación del agro que emule al sistema neocelandés? ¿o debe eliminar todo rastro de planificación y dejar libre el camino a los empresarios?

Cambiando el chip


Independencia judicial I


Siguiendo la línea de fenómenos provocados por la falta de independencia judicial, tenemos el caso de los menores infractores:

Menores: se abre paso la idea de no borrar legajos

Más allá de lo positivo que sería que no se borren los precedentes de los menores una vez cumplida la mayoría de edad, lo trágico aquí es que el sistema judicial no sólo esté maniatado por el poder político para que esto haya sido así durante décadas, sino que además dependa una vez más de ese mismo poder político para que pueda sacarse esa limitación de encima.

¿hasta cuándo los jueces permitirán que la política intervenga en la justicia? El problema de seguridad que tenemos en la actualidad proviene de la incapacidad del poder judicial de dictaminar de acuerdo a los principios elementales del derecho, y en cambio en tener que hacerlo de acuerdo a los límites impuestos por la política y la ideología gobernante de turno (que, dicho sea de paso, es lamentable en buena parte del frente amplio, como lo muestra la noticia del artículo).


Independencia judicial II


Artículo en La Diaria:

¿Tiene la suprema corte de justicia que pedirle permiso al presidente para dictaminar en contra de una ley no sólo anticonstitucional, sino peor aún, contraria a los principios elementales del derecho? ¿tiene que someterse a una ley contraria a la defensa de los individuos sólo porque una mayoría plebiscitaria así lo dictaminó? ¿está bien que la mayoría imponga su "justicia" a la minoría? Todo esto también deberían preguntárselo aquellos que votaron en contra de la ley de caducidad, porque también ellos creen que las mayorías tienen el derecho a negar los derechos a las minorías y peor aún, la mayoría de ellos, como bien sabemos, aplauden ciertos sistemas totalitarios, y votan contra la ley de caducidad no porque sean luchadores por los derechos humanos, sino porque son luchadores por los derechos humanos de quienes piensan como ellos (el resto, merece la cárcel, la persecución, y hasta la muerte)

Pero los verdaderos derechos humanos son iguales para todos, sin importar cómo piensen. Hace poco leí una frase en algún lado que ahora no recuerdo, que decía algo así como: "los verdaderos defensores de los derechos humanos son aquellos que también defienden los de sus enemigos".

Saturday, August 07, 2010

Austrian Diary 2010 V

Justicia y políticos


Cuando el estado y la política intervienen en el mercado, sólo hacen desastres. Cuando intervienen en la justicia, también. Para muestra de lo que son los políticos impartiendo justicia, basta un botón: Parlamento derogó ley sin saber que liberaría a los Peirano

Otro caso similar son las leyes que protegen a los menores delincuentes. El mismo caso es el de la ley de caducidad, ya discutido antes en este blog (ver este artículo)

Como liberales no sólo hay que exigir el libre mercado, sino también la independencia judicial. Y en realidad, el libre mercado sin independencia judicial es precaria, incompleta, y sujeta al arbitrio de los políticos de turno. Es claro que tampoco hay independencia judicial si no hay libertad de mercado.


Mercado y políticos


Resulta interesantísima esta entrevista a Peter Schiff sobre la crisis en EEUU y lo que se viene, explicando exactamente lo mismo que vengo exponiendo en innumerables ocasiones en este blog. EEUU viene en picada hacia una economía planificada, con las consecuencias desastrosas a las que conduce. Un breve adelanto:


P: ¿Una regulación más estricta sobre el mercado de hipotecas no habría evitado la creación de la burbuja inmobiliaria que desencadenó la crisis?

R: Sí, claro. Se podría haber impuesto una entrada mínima del 20 por ciento para cualquier hipoteca, o prohibir las de tipo variable. No se hizo para no molestar a los votantes, que estaban encantados pensando que se iban a hacer ricos. No iban a ser los políticos quienes aguasen la fiesta.

Lo que hay que preguntarse es: ¿Por qué se pidieron tantas hipotecas de tipo variable? Porque estaban garantizadas por el Gobierno, mediante su respaldo a Fannie Mae y Freddy Mac [agencias patrocinadas por el Gobierno para financiar la compra de viviendas], y porque la Reserva Federal bajó mucho los tipos de interés. Sin estas regulaciones la burbuja simplemente no habría existido. No se habrían solicitado tantas hipotecas, y no se habrían concedido las destinadas a gente que no podía pagarlas.

Cuando el Gobierno aprueba cinco normas y después se necesitan otras cinco para arreglar los problemas que han causado las primeras el problema no es que falte regulación sino que hay demasiada.



Tupamaros y liberalismo


Otro artículo interesantísimo de la semana, de un blog que vengo siguiendo ya desde el año pasado. Su autor publica un artículo cada varios meses, pero cada uno de ellos demuestra una percepción muy por encima de todas las ideas preconcebidas en el imaginario uruguayo: Victoria tupamara con apoyo neoliberal sacude fuertemente esas falsas ideas arraigadas en el discurso político dominante.

Es curioso cómo ese discurso dominante, originado sobre todo desde la izquierda (pero en el que también la derecha cae, no nos engañemos en este punto), al menos en su discurso, rechaza el liberalismo y defiende en cambio el proteccionismo. El proteccionismo de la mayor parte del siglo XX, que confusamente la izquierda llama neoliberalismo, ha sido el principal origen del poder económico y político de la oligarquía de este país. Es el mismo batllismo que en el discurso la izquierda reivindica.


Vázquez y Phillip Morris


Si algo no puedo soportar es a Vázquez creyéndose presidente y exigiendo cosas que no le corresponde. Menos para pretenden hablar en nombre de todos los uruguayos. Y menos para hacerlo en términos púramente patrioteros y sin una reflexión seria detrás.

El patrioterismo siempre ha dado rédito político, lamentablemente. Y es claro que Vázquez ya está haciendo campaña política para volver a la presidencia en cinco años. ¿Alguien recuerda el discurso similar de campaña del 2004 contra Botnia?

Vázquez ha convertido un problema judicial y contractual en una estúpida lucha, pero muy redituable debido a la estupidez nacionalista de los ciudadanos, entre Uruguay y las multinacionales. Pretende una vez más violentar lo poco que tenemos de independencia judicial, la validez de los tratados, y hasta los mismos principios del derecho y la libertad, con la excusa del nacionalismo.

Una cosa es prohibir fumar en espacios públicos (lo cual conduce de todas formas a ciertas discusiones y dilemas que en algún momento voy a encarar aquí). Otra muy distinta es perseguir a empresas y violentar derechos esenciales, como el derecho a exhibir una marca que diferencie su producto del resto, lo cual también le quita el derecho a elegir a los propios consumidores. No importa que las empresas sean productores de tabaco. Una cosa conduce a la otra, y violentar la igualdad de los principios del derecho con argumentos políticos es muy peligroso. Son los primeros pasos en la senda del fascismo, y las consecuencias las pueden apreciar cruzando el charco. De hecho es claro que toda esta situación es en realidad una persecución política fundada en el chauvinismo nacionalista. Y cuando se instituye esta persecución, sigue expresa hacia otras víctimas en el futuro.

Lo cierto es que la política antitabaco (con lo discutible que ya es de por sí) que empezó con el gobierno de Vazquez no se ve amenazada sólo porque Phillip Morris amenace con un proceso judicial contra el estado por violentar un derecho elemental de cualquier empresa. No es una batalla de Uruguay frente a las multinacionales, sino una batalla contra la caprichosa arbitrariedad de los políticos, y en defensa de derechos elementales, que deben ser los mismos para todos sin importar a quién beneficie y a quién perjudique. No dejen que los políticos los confundan.

Por otro lado, a los políticos les convendría repasar la historia de la Ley Seca en EEUU y sus consecuencias, antes de llevar más lejos las medidas de represión contra las empresas.